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El recaudador y el fariseo

por Card. Rubén Salazar Gómez
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Hoy nos encontramos con que el Señor nos regala una de las parábolas más conocidas de las que tenemos en el Evangelio, escuchémosla con mucha atención, porque nos trae un mensaje muy importante:

Evangelio según San Lucas 18, 9 -14

A propósito de algunos que se sienten seguros de sí mismos por  creerse a paz y salvo con Dios y desprecian a los demás, dijo Jesús  esta parábola:  

 «Una vez subieron al templo dos hombres a orar;  uno era un fariseo y el otro un recaudador.

El fariseo se colocó aparte y empezó a orar así: ‘Oh Dios, te doy gracias de que no soy como los demás,   ladrones, desleales, adúlteros; ni como ese recaudador. Ayuno dos veces por semana, y pago el diezmo de todo lo que tengo’. 

En cambio el recaudador se quedó atrás   y ni siquiera se atrevía a levantar la vista al cielo,  sino que se golpeaba el pecho y decía: 

‘¡Oh Dios, ten compasión de este pecador!’ 

«Pues bien, les digo que al volver a su casa,  el que estaba a paz y salvo con Dios era el recaudador y no el fariseo.   Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»    

Palabra del Señor. 

Transcripción de La Voz del Pastor del 26 de octubre de 2019

El Señor contrapone dos figuras, la figura de un fariseo y la figura de un publicano, ¿quien era el fariseo? el fariseo en el antiguo Israel en los tiempos del Señor Jesús, era el miembro de una comunidad judía que se esforzaba por cumplir la ley, que eran, podríamos decir nosotros fanáticos por el cumplimiento de la ley como expresión de la voluntad de Dios, y por lo tanto eran terriblemente rigoristas y buscaban la perfección por el cumplimiento de la ley.

 En cambio los publicanos serán considerados pecadores públicos, porque eran los recaudadores de impuestos y los impuestos se le pagaban al imperio romano, un imperio pagano, que para los judíos de la época significaba todo lo que había que rechazar desde el punto de vista religioso, por eso los consideraban impuros, y pecadores.

 ¿cuál es el sentido que tiene esta contraposición entre el fariseo y el publicano? el Señor nos muestra como el fariseo en su afán por cumplir la ley, está lleno de soberbia, piensa que él por sus propias fuerzas puede cumplir la ley, que él por sus propias fuerzas vale para acercarse a Dios, y por lo tanto que puede lograr esa cercanía con Dios, es decir como lo va a revelar San Pablo de una manera muy clara en sus cartas, el aquel que busca la justificación por la ley ,es decir, aquel que busca ser santo simplemente por el cumplimiento de la ley por su propia prestación, cree que la salvación se la merece con sus actos.

En cambio el pecador tiene una actitud profundamente humilde, se dan golpes de pecho reconoce que es un pecador, que no te lo único que necesita es de la misericordia de Dios, pues bien, nosotros podemos tener mucho de fariseos, cuando muchas veces nos gloriamos de ser personas honradas, de ser personas honestas, de ser personas no como los demás, asesinos, ladrones, adúlteros, bueno todas las castas que nosotros tantas veces utilizamos para descalificar a los demás, y pensamos que por nuestras propias fuerzas entonces nos ganamos el cielo que Dios no tiene nada que hacer en nuestra vida en cuanto a darnos su fuerza y su luz, porque nosotros la tenemos, la logramos por nuestras propias posibilidades.

Cuidado con eso, porque en el momento en que haya soberbia en nuestra relación con Dios, sencillamente estamos cerrando nuestro corazón para recibir el amor y la misericordia de Dios, en cambio con la actitud de humilde, con el reconocer los pecadores, con él reconocernos, incapaces de acercarnos a Dios, por el reconocer los necesitados de cristo nuestro Señor, aquel que con su muerte y su resurrección nos reconcilió con Dios de reconocernos necesitados del Espíritu que venga a vivificar nos a purificarnos, a hacer de nosotros criaturas nuevas entonces no vamos a poder nunca verdaderamente acercarnos a Dios, sino es pidiéndoselo desde lo más profundo del corazón sino es acercándonos a la Iglesia para recibir el perdón de nuestros pecados, si no es considerando como dice San Pablo en la carta a los filipenses considerando superiores a los demás, porque así somos capaces de reconocer nuestras deficiencias, nuestras debilidades, nuestras incapacidades, y vamos a poder recibir el amor y la misericordia de Dios hacia nosotros.

 Adquiramos esa profunda humildad que es la única que nos puede conducir hacia Dios y rechazamos en nuestra vida todo lo que sea soberbio, porque la soberbia nos lleva a descalificar a los demás, la soberbia nos lleva a juzgar a los demás, la soberbia nos lleva a atentar también contra los demás, y nos lleva por los caminos de la injusticia y de la violencia, en cambio la humildad nos lleva por el camino de la fraternidad, de la solidaridad de la ayuda mutua, del caminar juntos de ser verdaderamente hermanos.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre, amén.

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