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Zaqueo el publicano

por Card. Rubén Salazar Gómez
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Hoy nos encontramos con una figura muy amable en el Evangelio, es la figura de un publicano, de un recaudador de impuestos, y por lo tanto se nos invita a mirar la actitud de él para ver cómo debe ser también nuestro comportamiento, escuchamos: 

Evangelio según San Lucas 19, 1 -10

En su viaje a Jerusalén entró Jesús a Jericó, e iba atravesando la  ciudad. 
Había allí un hombre que se llamaba Zaqueo, jefe de los  recaudadores y rico. 
Y trataba de ver quién era Jesús, pero no podía  por el gentío, ya que él era de baja estatura. Entonces corrió a adelantarse a los demás y se subió a un árbol para poder verlo, pues Jesús  iba a pasar por ese sitio. Cuando Jesús llegó, levantó la vista y le  dijo:
 «Zaqueo, baja en seguida, que hoy voy a quedarme en tu casa.» 
 El bajó a toda prisa y lo recibió en su casa con alegría. 
Pero todos, al ver esto, empezaron a criticar a Jesús por ir a hospedarse en la casa de un pecador. 
Zaqueo se dirigió al Señor y le dijo: «Mira, Señor: voy a dar a los  pobres la mitad de lo que tengo, y si a alguien le cobré más de lo  debido, le vaya devolver cuatro veces más.» 
Entonces dijo Jesús:   «Hoy llegó la salvación a esta casa,   pues también Zaqueo es hijo de Abrahán.
Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar  a los que estaban perdidos.»   
El Señor entra a Jericó, una ciudad muy cerquita de Jerusalén, y allí la gente sale a recibirlo, y entre ellos Zaqueo, un hombre bajito de estatura, que quiere ver al Señor, y se sube a un árbol.

Palabra de Dios

Transcripción de La Voz del Pastor del 3 de noviembre de 2019

Miren ustedes qué hermosa la narración de Zaqueo pese a la dificultad que tiene para acercarse al Señor, escala un árbol, se sube al árbol, para tratar de verlo y el Señor Jesús que está siempre atento a las mínimas actitudes nuestras, inmediatamente lo descubre y se le acerca a él, y hay un encuentro personal entre el Zaqueo y el Señor, qué belleza, qué maravilla, el Señor viene a Zaqueo, Zaqueo antes había tratado de encontrar al Señor, pero es el Señor el que se acerca hasta él, y qué pasa con Zaqueo hay una transformación total del Zaqueo, un publicano avaro, que recaudaba, los impuestos y que al mismo tiempo robaba, porque los recaudadores de impuestos no eran tan honestos, se convierte en una persona consciente, de que puede haber sido injusto, y malgastador, y defraudador, y al mismo tiempo, toma conciencia de que su dinero debe estar para reparar lo que ha robado, y al mismo tiempo para ayudar a los pobres, hay una transformación total en el corazón de Zaqueo, Dios quiera que se dé lo mismo en nosotros cuando nos acercamos al Señor Jesús.

Muchas veces yo tengo la angustia y no lo digo por las demás personas sino también por mí, de que podemos como acostumbrarnos a ser cristianos, como que no podemos acostumbrarnos a tener al Señor, podemos acostumbrarnos a ir a la misa, a escuchar la palabra, por ejemplo recibir el sacramento de la penitencia de vez en cuando, y esto no nos lleva a un verdadero encuentro personal con el Señor, sino que permanecemos ahí en una tibieza, en una mediocridad impresionante.

El Señor hoy nos invita a subirlos al árbol,  es decir a poner de nuestra parte todos los medios necesarios, para poder mirarlo a él, para poder verlo para poder acercarnos a él, y podemos tener la absoluta certeza de que el Señor se acerca a nosotros, de que el Señor comparte con nosotros la casa, el invito a Zaqueo a que lo acogiera en su casa, y Zaqueo lo acogió con toda generosidad.

Qué bueno que también nosotros sintamos permanentemente la invitación que el Señor nos hace a acogerlo en nuestro corazón, qué bueno que nosotros sintamos como el Señor nos invita a abrirle las puertas de nuestro corazón para recibirlo, y para que al recibirlo a él nosotros recibamos toda la luz, toda la fuerza, todo el perdón de los pecados que necesitamos, y de esa manera poder vivir de una manera mejor, con verdadero sentido de solidaridad hacia los demás, con verdadero sentido de reparar el mal que hayamos podido hacer, y por lo tanto de ser verdaderos promotores de la justicia y de la paz.

La bendición de Dios todopoderoso, padre hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre, Amén.

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