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Propósitos para una nueva década

por Mons. José Horacio Gómez

El comienzo de un nuevo año, de una nueva década, es una doble invitación para recargar las energías y proponerse nuevos propósitos, metas. Lo bueno es que Dios siempre nos espera y está a nuestro lado.

Espero
que hayan tenido una hermosa y santa Navidad en compañía de su familia y sus
seres queridos. Al celebrar la Misa de medianoche, estaba reflexionando acerca
de que esta era la última Navidad de la década. Y al continuar mi oración sobre
este tema, pensé que, enfocando la mirada hacia el nuevo año y hacia la próxima
década, quiero proponer dos sencillos propósitos para todos nosotros.

Al primero lo llamo “Ser más como
Jesús».

Tenemos
la certeza de que Jesucristo vino a este mundo y de que viene ahora a nosotros
en la Eucaristía y en las páginas del Evangelio, para mostrarnos el camino de
la salvación. Y Él es ese camino.

Jesús
nos dice a cada uno de nosotros: “Sígueme”. Eso implica algo más que
simplemente llamarse cristiano o ir a la iglesia los domingos. Seguir a Jesús
significa imitar a Jesús; implica caminar con Jesús como amigo y tomarlo como
guía y modelo para nuestra vida.

San
Pablo fue el primero en hablar de la imitación de Cristo y éste sigue siendo el
patrón básico del estilo de vida cristiano. Algunos santos hablan de
“convertirse en Jesús” o de ser “otros Cristos”.

Sabemos
que los niños aprenden por imitación. Ellos miran a sus padres y hacen lo que
ven. Los mejores artistas, actores, atletas y artesanos comienzan su
entrenamiento a través de la imitación de los maestros. Lo mismo sucede con
nosotros, como cristianos.

Jesús
dijo: “Vengan a mí… aprendan de mí”; estos son dos hábitos prácticos que nos
pueden ayudar a aprender de nuestro Maestro y a ser más como Él.

El
primero, como he sugerido antes, es encontrarnos con Jesús todos los días en la
“Vita Christi”, la vida de Cristo, escrita en las páginas de los Evangelios.

No
leemos los Evangelios como una biografía o como historia, es decir, como si
fueran libros que hablaran de una persona y de acontecimientos del pasado
distante.

Jesucristo
es el mismo ayer, hoy y siempre. Entonces, tenemos que leer los Evangelios en
tiempo presente. ¿Cuál es la palabra personal que Jesús me está dirigiendo
ahora, en este momento?

Además
de conocerlo en los Evangelios, tenemos que encontrarnos también con Jesús
personalmente, en la Eucaristía.

La
Eucaristía debería ser nuestro “pan de cada día” para recorrer el viaje de
nuestra vida, y la celebración dominical de la Misa tendría que ser el corazón
de nuestra vida cristiana.

También
es importante apartar tiempo para simplemente “estar” con Jesús, ante su
presencia, en el Santísimo Sacramento.

Me
gustaría que todos tuvieran la oportunidad de hacer todos los días “una visita”
a una capilla o iglesia para pasar tiempo en silencio con el Señor. Incluso el
llegar a Misa 10 minutos antes para orar, es una buena manera de empezar.

Cuando
estén en su presencia, hablen sencillamente con Él, como se le habla a un
amigo, a un hermano. Díganle lo que necesitan, lo que los preocupa, compartan
su felicidad con Él. Pídanle valor para hacer su voluntad y para servirlo
mejor.

Aprendan
a amar el pasar tiempo con el Señor, a estar sencillamente en silencio, en su
presencia. Los santos hablan de mirar a Jesús y de dejar que Él “nos mire”, que
examine y le hable a nuestro corazón. Se necesita práctica pues tenemos que
aprender a guardar silencio en nuestra mente para pensar solo en Él. La mejor
manera de aprender a hacerlo es sencillamente empezar a hacerlo.

A mi segundo propósito le he llamado
“Misioneros de todos los días”

Jesús
vino a difundir el amor de Dios y a mostrarnos el camino a la salvación. Y Él
nos da, a cada uno de nosotros, la misión de ser sus testigos en el mundo.

Amen a
Jesús y traten de vivir como Él, mostrándoles su amor a las personas que Él
pone en la vida de ustedes. Esta es la manera en la cual compartimos a Jesús:
por medio de nuestras actitudes y acciones, por la forma en la que tratamos a
las personas, por las elecciones que hacemos en las cosas humildes y ordinarias
que hacemos todos los días, en el trabajo, en el hogar, con nuestras amistades.

Los
Ángeles es una de las ciudades más grandes del país. Imagínense si cada
católico de aquí condujera tan solo a una persona a un nuevo encuentro con
Jesús. ¿Y qué tal si cada una de esas personas, a su vez, llevara a otra
persona a Jesús? Así, de persona en persona, de corazón en corazón, podríamos
cambiar el mundo con ayuda de la gracia de Él. (Phentermine)

Oren por
mí esta semana y yo oraré por ustedes.

Y ahora
que entremos a este nuevo año y a esta nueva década, pidámosle a la Virgen
María que interceda por nosotros, para que Jesús pueda moldear nuestra vida a
su imagen, tal como Él se encarnó en el seno de ella.

Pidámosle
a María que nos ayude a reflexionar sobre las palabras de Jesús y sobre las
escenas de la vida de Él, como ella lo hizo, y que nos ayude a adorarlo en la
Eucaristía, así como ella y San José lo adoraron en el pesebre.

Roguémosle
también a María que nos ayude a traer a Jesús a este mundo, tal como ella lo
hizo.

¡Les deseo a todos un Año Nuevo santo y bendito!

Los escritos, homilías y discursos del Arzobispo se pueden encontrar en ArchbishopGomez.com


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