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Los últimos serán primeros y los primeros últimos

por Mons. Luis José Rueda Aparicio
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Cerca está el señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente. 

Evangelio según San Mateo 20,1-16a. 

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo. En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: esta parábola el reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía, ya media tarde e hizo lo mismo, salió al caer la tarde y encontró a otros parados y les dijo: ¿cómo es que están aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: nadie nos ha contratado. Él les dijo: vayan también ustedes a mi viña. Cuando oscureció el dueño dijo al capataz: llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acaba por los primeros. 

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo, estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros que hemos aguantado el peso del día y el bochorno

Él replicó a uno de ellos: amigo, no te hago ninguna injusticia, ¿no nos ajustamos en un denario? Toma el tuyo y vete, quiero darle a este último igual que a ti, es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos o vas a tener tu envidia, porque yo soy bueno así los últimos serán primeros y los primeros últimos.

Palabra del Señor. 

Transcripción de La Voz del Pastor del 20 de septiembre de 2020

El señor Jesús en este domingo, con el Capítulo 20 de San Mateo, nos ofrece nuevamente una parábola para enseñarnos cómo es el reino de los cielos y nos está diciendo que el reino de los cielos es como una viña de trabajo y eso es bueno que lo entendamos así, porque su trabajo, el trabajo de todos nosotros, hace parte de esa realidad que es el reino de los cielos. 

El reino de los cielos requiere nuestro trabajo, el reino de los cielos requiere nuestro empeño y es bueno que nosotros los bautizados, hombres y mujeres, servidores de la ciudad del campo de todos los escenarios nos sintamos trabajadores, trabajadores con un patrón que sale a buscarnos. 

Y dice la parábola en el capítulo 20 de San Mateo que el patrón salió y buscó obreros a media mañana, al mediodía a media tarde y al atardecer fue llamando, esa es una vocación, es una llamada.

El señor a usted y a mí nos ha llamado desde el vientre materno, luego nos ha llamado en el bautismo y nos sigue llamando permanentemente. Qué bueno ese Dios que nos mira, que sale a buscarnos, que sale porque sabe que nosotros podemos ser sus trabajadores y cuando nos sentimos llamados nos sentimos útiles y cuando somos capaces de trabajar, cuando usted es capaz de aportar en su vida familiar, en lo social, en la iglesia, entonces le está sirviendo al señor, al amo, al dueño de la vida y del terreno, que es el mismo Dios. 

Qué bella parábola y llega el final de la parábola al llamado y está llamando permanentemente, convoca y nos da una vocación a todos, pero cuando llegue el momento de la paga él les había dicho un denario, un denario que era una moneda, una medida monetaria del tiempo de Jesús y en la parábola el capataz empieza a pagar por orden del dueño de la viña a los que llegaron en última instancia al trabajo. Alguien diría, debería ser al contrario, debería pagarle a los primeros, a los que han trabajado más tiempo, pero es que los caminos de Dios son distintos a nuestros caminos. 

La lógica de Dios es distinta a la lógica suya y a la lógica mía y cuando llegue el momento de pagar a los primeros, que fueron llamados, ellos murmuraron, protestaron, se sintieron mal, le van a pagar a los que trabajaron poco tiempo igual que a los que hemos trabajado mucho tiempo, eso tiene una gran aplicación es que nosotros no trabajamos por una corona que se marchita, nosotros no trabajamos por un salario que se acaba, que se corrompe, sino que trabajamos por el amor de Dios y eso es lo que nos dice San Pablo en la segunda lectura que escuchamos hoy, capítulo primero de la carta a los Filipenses. 

Dice San Pablo: para mí la vida es Cristo y la muerte una ganancia, qué bello que nosotros los bautizados empecemos a sentir que para nosotros la vida es Cristo, puede ser que nos alaben, puede ser que nos superen, puede ser que unas veces nos aplaudan y puede ser que otras veces no vuelvan la espalda, pero lo que interesa es que Cristo está con nosotros, que él es la motivación de nuestro trabajo y cuando cristo es la motivación de su trabajo no le interesa a usted ni el cansancio ni la fatiga, ni se compara con otros, sencillamente dice ese es mi paga trabajar motivado por Cristo para Cristo y por el reino de los cielos. 

Esta semana que sea una semana para vivirla sabiendo que el premio nuestro del trabajo y del esfuerzo, papá, mamá, profesional, los sacerdotes, los misioneros hombres y mujeres en la iglesia, el pago nuestro es el amor, es la presencia de Cristo el que murió en la cruz, el que resucitó, el que se quedó como pan de vida en la eucaristía. 

Qué bello y qué bella paga generosa más grande que todo el sufrimiento que vamos a tener esta semana en nuestro trabajo. Que el señor bendiga sus manos, bendiga su inteligencia, su trabajo, su lugar donde realiza la misión y la labor de cada día, y que la paga suya desde el amanecer hasta el momento del descanso en la noche sea Cristo como dice Paulo para mí la vida, es Cristo y la muerte una ganancia. 

Que el señor nos bendiga y bendiga a su familia y su trabajo, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén. 

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