Evangelio según san Juan 6,52-59
Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?”.
Jesús les respondió: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente”.
Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaún.
Vivirá eternamente
1) Discutían: En lo que refiere a la vida cristiana creo que tenemos tres tipos de cristianos: los “visitadores eternos”, que van a las celebraciones, pero solo es un cumplir a la celebración y me vuelvo, ya está; voy, cumplo y ya está. Luego están “los simpatizantes”, que van a la celebración cuando es una fecha importante como Pascua o Domingo de Ramos y durante el año “vemos”. Tercero están “los miembros”, que son aquellos que reconocen que sus vidas no son suyas y que encontrar a Jesús es lo que les cambia la vida, saben que el servicio es una causa justa y que también es de gratitud, son voluntarios incluso en las comunidades y tratan de hacer un servicio concreto a los demás como Iglesia, aportando con su servicio a la Iglesia. Son personas que no vienen a la iglesia, sino más bien “son” Iglesia. Entendiendo esto es importante saber que no se debe discutir con cualquier persona que te encuentres, porque si no sabe qué es el término de Iglesia es muy difícil que comprenda tu servicio en la vida como Iglesia que sos.
2) Enviado: Hay que tocar las puertas si queremos que se abran. Muchas veces esperamos que se abran solas. No. Nunca vamos a encontrar a alguien que nos haga la vida fácil. Preferimos que otros nos marquen el camino y hasta que nos digan qué tenemos que hacer. Eso no va. Así nunca tomamos el control de nuestras vidas. Sos un enviado en esta vida y las puertas se abren para quien las toca. En el transcurso de la vida te vas dando cuenta de que no hay una sola puerta, sino que más bien hay muchas en el transcurso de tu historia. Pero también debo decirte que no todas las puertas son para nosotros. Tenés que saber elegir la puerta adecuada. Allí es donde tenés que ver tu capacidad de discernir, tu intuición, pidiendo a Dios la sabiduría. También debo decirte que, si hay una puerta que te motiva y entusiasma, tenés que golpear bastantes veces y bastante fuerte. Hasta diría que hay que tirarla abajo, porque es ir abriendo caminos y sabiendo hacer caminos al andar.
3) Cielo: Una vez me hicieron esta pregunta: “¿Querrías vivir 150 años?”. Unos pueden decir: “sí”, otros “no”, y otros pueden llegar a decir “depende”. Claro que hay factores, pero uno es el tema de tu vida y ver morir a gente que amas, también el ver que vas quedando solo o sola. Pero también es entender que hay longevidad hoy en día. Hoy tenemos que saber que la ciencia ha permitido tener adultos mayores y personas que duran muchísimos años. El tema es que te plantees qué quieres para tu vida y qué calidad de vida estás haciendo para tu vida. También recordá que hay un cielo y que buscamos la eternidad en cada acto que hacemos, incluso en nuestra longevidad. Ánimo que Dios está. Algo bueno está por venir.
Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC
Subscribe to get the latest posts sent to your email.