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Te Alabamos Señor. Hoy: Salmo 31

por Editor mdc
Salmo 31

Alabar a Dios, orar, conversar con el Padre, siempre recordando nuestra condición de hijos amados por Él. Estos son algunos de los objetivos de este proyecto de Misioneros Digitales Católicos, que culminará cuando publiquemos el 150.

Hoy compartimos con ustedes el Salmo 31

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SALMO 31 (versículos 1-25)

Del maestro de coro. Salmo de David.

2 Yo me refugio en ti, Señor,

¡que nunca me vea defraudado!

Líbrame, por tu justicia

3 inclina tu oído hacia mí

y ven pronto a socorrerme.

Sé para mí una roca protectora,

un baluarte donde me encuentre a salvo,

4 porque tú eres mi Roca y mi baluarte:

por tu Nombre, guíame y condúceme.

5 Sácame de la red que me han tendido,

porque tú eres mi refugio.

6 Yo pongo mi vida en tus manos:

tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.

7 Yo detesto a los que veneran ídolos vanos

y confío en el Señor.

8 ¡Tu amor será mi gozo y mi alegría!

Cuando tú viste mi aflicción

y supiste que mi vida peligraba,

9 no me entregaste al poder del enemigo,

me pusiste en un lugar espacioso.

10 Ten piedad de mí, Señor,

porque estoy angustiado:

mis ojos, mi garganta y mis entrañas

están extenuados de dolor.

11 Mi vida se consume de tristeza,

mis años, entre gemidos;

mis fuerzas decaen por la aflicción

y muy huesos están extenuados.

12 Soy la burla de todos mis enemigos

y la irrisión de mis propios vecinos;

para mis amigos soy motivo de espanto,

los que me ven por la calle huyen de mí,

13 Como un muerto, he caído en el olvido,

me he convertido en una cosa inútil.

14 Oigo los rumores de la gente

y amenazas por todas partes,

mientras se confabulan contra mí

y traman quitarme la vida.

15 Pero yo confío en ti, Señor,

y te digo: «Tú eres mi Dios,

16 mi destino está en tus manos».

Líbrame del poder de mis enemigos

y de aquellos que me persiguen.

17 Que brille tu rostro sobre tu servidor,

sálvame por tu misericordia;

18 Señor, que no me avergüence

de haberte invocado.

Que se avergüencen los malvados

y bajen mudos al Abismo;

19 que enmudezcan los labios mentirosos,

los que profieren insolencias contra el justo

con soberbia y menosprecio.

20 ¡Qué grande es tu bondad, Señor!

Tú la reservas para tus fieles;

y la brindas a los que se refugian en ti,

en la presencia de todos.

21 Tú los ocultas al amparo de tu rostro

de las intrigas de los hombres;

y los escondes en tu Tienda de campaña,

lejos de las lenguas pendencieras.

22 ¡Bendito sea el Señor!

El me mostró las maravillas de su amor

en el momento del peligro.

23 En mi turbación llegué a decir:

«He sido arrojado de tu presencia».

Pero tú escuchaste la voz de mi súplica,

cuando yo te invocaba.

24 Amen al Señor, todos sus fieles,

porque él protege a los que son leales

y castiga con severidad a los soberbios.

25 Sean fuertes y valerosos,

todos los que esperan en el Señor.

Fuente:El Libro del Pueblo de Dios. 

Voz: Flavia Zazano /Música: Juanjo Cabrera (Spotify) / Juanjo Cabrera (canal de Youtube)

Comentario del Salmo 31

Salmo mixto de súplica, confianza, lamentación y acción de gracias. Su estructura comprende cinco secciones: súplica (2-5), confianza (6’9), súplica confiada (15-19), acción de gracias con invitación final (20-25). La situación que desencadena la súplica inicial es típica: un inocente, injustamente perseguido y acusado, recurre a Dios con plena confianza. Roca, fortaleza, baluarte, alcázar… son apelativos con los que el salmista nombra frecuentemente al Dios que proporciona refugio, seguridad y paz. En la descripción de los sufrimientos físicos y morales del salmista encontramos ecos del salmo 22. Tras los lamentos reaparece la súplica confiada con la que el salmista se pone en manos de Dios y le pide su propia salvación y el castigo de los enemigos. La alabanza final supone la intervención salvífica de Dios. Por eso, el salmista invita a la comunidad a unirse a su alabanza y a confiar en Dios. Las últimas palabras de Cristo en la cruz, que según la tradición lucana están tomadas del Salmo 31 destacan la actitud de abandono y confianza absoluta en el Padre con que Jesús vivió toda su vida y abren el salmo a un sentido pleno.

Fuente: La Biblia, La Casa de La Biblia, edición aprobada por la Conferencia Episcopal Española

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