Oh sol divinal que en la noche de Belén te hiciste carne para iluminar al mundo entero oscurecido por el pecado, concédenos, así como a los Reyes de oriente, reconocerte como rey, amarte como hombre y adorarte como Dios.
El firmamento pregona la venida del amor al mundo, y el conticinio de la noche nos anuncia la paz de tu nacimiento.
Que mi corazón se postre ante tu divina presencia y clame al cielo diciendo: ¡Gloria a Dios en el cielo!
¡Gloria! Porque la vida ha nacido
¡Gloria! Porque el cielo y la tierra se besan
¡Gloria! Porque el Rey ha vencido
¡Gloria! Porque no hay más tristeza
El verbo se ha hecho carne, y la carne se hizo pan, concédenos hoy y siempre, tu gloria Oh Dios alabar. Gloria al niño que nace, gloria a Dios en el cielo, que tu paz al mundo abrace, y brinde a nosotros consuelo.
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