Evangelio según san Lucas 2, 22-35
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,
como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.
También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él
y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley,
Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
“Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,
porque mis ojos han visto la salvación
que preparaste delante de todos los pueblos:
luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”.
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción,
y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”.
El tiempo
1) La ley: En la vida también debemos cumplir normas. Esa es la diferencia entre libertad y libertinaje, pues la libertad implica asumir en mi vida un camino con objetivos, para mi bien y con límites, porque mi bien nunca es a costa de un mal a otro. En cambio, libertinaje es buscar un bien sin límites y a costa de otros. Es por ello que en la vida también tenemos que aprender a vivir con límites y aceptar los límites que la misma vida nos pone. No podés pasar por la vida haciendo lo que siempre se te da la gana, es ponerle ganas a la vida para hacer lo que te corresponde.
2) Sacrificio: Me imagino cuántos sacrificios habrás hecho en este 2025, pero la diferencia es que el sacrificio es la implicancia de hacer algo sagrado, para un bien mayor. Mientras que el masoquismo es hacer cosas con dolor por el dolor mismo. El sacrificio es renunciar a algo por un bien mayor, mientras que el masoquismo es renunciar a cosas solo por sentir o mantener el dolor. Jesús te enseña que la vida es una implicancia a sacrificar, para buscar bienes mejores en la vida y en el vivir, mientras que el masoquismo no es un aspecto religioso, sino una patología.
3) Paz: Nuestra vida tiene un camino de búsqueda hacia la paz. Estamos llamados a cumplir una misión en esta vida y nuestra vida tiene una implicancia a hacer un bien en los demás y a los demás. No podés pasarte la vida girando en vos mismo, más bien, descubrí qué podés aportar a la vida de otros, porque nadie es más importante que nadie. Cuando termina el juego, el peón y el rey van a la misma caja. Como buen jugador de ajedrez te recomiendo que recuerdes esto, porque vos y yo vamos a la misma caja, aunque no sé quién es el peón y quién es el rey. Algo bueno está por venir.
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