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Meditación del 28 de enero

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Marcos 4, 1-20

Jesús comenzó a enseñar de nuevo a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca dentro del mar, y sentarse en ella. Mientras tanto, la multitud estaba en la orilla.
El les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas, y esto era lo que les enseñaba:
“¡Escuchen! El sembrador salió a sembrar.
Mientras sembraba, parte de la semilla cayó al borde del camino, y vinieron los pájaros y se la comieron.
Otra parte cayó en terreno rocoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en seguida porque la tierra era poco profunda;
pero cuando salió el sol, se quemó y, por falta de raíz, se secó.
Otra cayó entre las espinas; estas crecieron, la sofocaron, y no dio fruto.
Otros granos cayeron en buena tierra y dieron fruto: fueron creciendo y desarrollándose, y rindieron ya el treinta, ya el sesenta, ya el ciento por uno”.
Y decía: “¡El que tenga oídos para oír, que oiga!”.
Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor de él junto con los Doce, le preguntaban por el sentido de las parábolas.
Y Jesús les decía: “A ustedes se les ha confiado el misterio del Reino de Dios; en cambio, para los de afuera, todo es parábola,
a fin de que miren y no vean, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y alcancen el perdón”.
Jesús les dijo: “¿No entienden esta parábola? ¿Cómo comprenderán entonces todas las demás?
El sembrador siembra la Palabra.
Los que están al borde del camino, son aquellos en quienes se siembra la Palabra; pero, apenas la escuchan, viene Satanás y se lleva la semilla sembrada en ellos.
Igualmente, los que reciben la semilla en terreno rocoso son los que, al escuchar la Palabra, la acogen en seguida con alegría;

pero no tienen raíces, sino que son inconstantes y, en cuanto sobreviene la tribulación o la persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumben.
Hay otros que reciben la semilla entre espinas: son los que han escuchado la Palabra,
pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y los demás deseos penetran en ellos y ahogan la Palabra, y esta resulta infructuosa.
Y los que reciben la semilla en tierra buena, son los que escuchan la Palabra, la aceptan y dan fruto al treinta, al sesenta y al ciento por uno”.

Enseñar a orillas

1) Junto: Algo que aprendí en estos tiempos es que las personas que más alardean de saber o de tener son las que menos tienen y son más carenciadas. Por eso, trata de juntarte más con las personas que hablan poco, que son respetuosas y que están bien consigo mismas. Porque al juntarte con personas que alardean de tener o ser lograrás ser su producto, mientras que, si te juntas con personas prudentes y respetuosas, te llenarás de sabiduría.

2) Sembrar: Marco Aurelio decía que la mejor venganza es ninguna, pues es curarte para perdonar y después ver si es necesario reconciliar. La clave es seguir adelante, no porque el otro no lo merezca, sino porque vos no te mereces sumar a tu vida el rencor, porque el rencor te hace volverte parecido a la persona que te lastima. Siembra vida en tu vida y no pongas lazos de muerte o que te envenenen tu vida.

3) Oiga: Una frase hermosa que escuché fue: “Un ganador es un perdedor que volvió a intentarlo”. Por eso, la cosecha de tu vida es lo que intentaste miles de veces y que pudo superar cada fracaso, porque los fracasos son parte del logro de un éxito, porque solo pierde el que abandona. Algo bueno está por venir.


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