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Meditación del día 17 de enero

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Marcos 2,13-17

Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía allí, y él les enseñaba.
Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. El se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían.
Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: “¿Por qué come con publicanos y pecadores?”.
Jesús, que había oído, les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

A la orilla

1) Salió: En Jesús vemos esa actitud de salir y de no estar quieto en uno mismo o en un mismo lugar. Es necesario que vos también salgas de vos y dejes de estar a la espera de que alguien te traiga soluciones para tu vida. Incluso caemos en esa actitud aniñada de estar casi todo el tiempo como niñitos, y que los otros son los culpables de lo que me pasa: el síndrome de ñoño de El Chavo del Ocho: “¡Míralo eh, míralo eh!”. En donde parece que todo tiene que girar en vos y los demás ser satélites tuyos, eso no corresponde e incluso no es sano.

2) Sígueme: Hay gente que te tocará en la vida para compartir, y es uno quien elige con quién compartir en la vida. Por eso no dejes de crecer en amistad buena con las personas que te ayudan a crecer. A la familia no se la elige, pero a los amigos sí. Por lo tanto, no dejes de crecer en la relación con tus amigos. Sos vos quien elegís a quiénes quieres que caminen contigo.

3) Leví: Me conmueve saber que Dios no llama a los capacitados, sino que capacita a los llamados. Es descubrir que más allá de nuestros errores y debilidades nos sigue eligiendo y llamando como somos, porque todos tenemos algo que nos golpea y algo nos duele. Así también todos tenemos una mancha escondida, pero, sin embargo, Dios conoce de nuestras manchas y nos invita, incluso así, a su equipo. A través de este evangelio aprendí a no tener miedo de mostrar mis errores y manchas, porque sé que me eligió a pesar de ello. Sé que podés escandalizarte cuando te enteres de todos mis errores cometidos, pero me quedo tranquilo porque Dios lo sabe y así, lo mismo, me ha elegido. Por eso, no tengas miedo de mostrar tus errores y debilidades, porque es parte también de un proceso de sanar el aceptarte como sos y el aceptar tus errores cometidos. Algo bueno está por venir.


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1 comentario

Roxana Bontempo January 17, 2026 - 7:01 am Reply

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