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Meditación del día 30 de enero

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Marcos 4,26-34

Y decía: “El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra:
sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.
La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga.
Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha”.
También decía: “¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo?
Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra,
pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra”.
Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender.
No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.

El Reino de Dios

1) Semilla: Una vez leí que Abraham Lincoln dijo: “Si tuviera seis horas para cortar un árbol, las cuatro primeras horas las usaría para afilar el hacha”. Esto te enseña que para ganar una batalla en tu vida se necesita invertir en la preparación. Es importante que te prepares bien para lo que quieres lograr. Por eso, para ser cura se debe estudiar en el seminario durante 8 años o vemos que Jesús pasó 30 años a oscuras para proclamar el reino durante 3 años de manera pública. Dicen que el éxito es 80% de preparación y 20% de acción. Por lo tanto, si quieres cambiar cosas en tu vida, debes desarrollar nuevas habilidades, pero también una nueva mentalidad, es decir “afilar el hacha”, para luego aplicar.

2) Grano: No te olvides que el amor a vos mismo, a Dios y a los demás no es un lugar para esconder tus heridas. Jesús nos enseña que amar es el lugar donde se sanan las heridas. Es como que vivimos esperando que alguien llegue a completarnos y saciarnos, pero no. Aprende que en esta vida no tenés que buscar quién te salve, sino quién camine contigo. Amar a alguien no se trata de intensidad, sino de estabilidad. Recuerda que amar no es posesión, sino más bien presencia. No es esperar que el otro cambie, sino más bien es mejorar tu forma de ser, para amar en el amor de Cristo Jesús, porque, cuando vos estás bien con vos mismo, tenés mejor capacidad de decidir y elegir. Por eso una persona vulnerable es posible que elija y decida desde el destruirse, mientras que, cuando estás con claridad en tu persona, eliges para ser la mejor versión de ti.

3) Trabajar: Creo que la gente no está agotada por trabajar, sino más bien está agotada por vivir sin sentido. Pues cumplen horarios, órdenes y expectativas de otros, pero no se sienten vivos, y ese vacío cansa más que cualquier jornada laboral. Por lo tanto, trabaja por lo que le da sentido a tu vida y busca en tu misma vida lo que hoy le da sentido. Algo bueno está por venir.


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