Gracias, Señor, porque en cada adoración eucarística me bendices con tu infinita misericordia. Tú acrecientas mi fe y renuevas mi esperanza, permitiendo que el amor del Padre inunde hasta los rincones más profundos de mi alma.
En tu presencia, me haces consciente de mi debilidad y de mi fragilidad; reconozco esta pequeñez y descubro cuánto te necesito.
Gracias, Salvador mío, porque tu presencia es el sustento que me alimenta, porque eres el amor que se entrega hasta el extremo. Te ruego que transformes mis incertidumbres en una calma profunda y que aprenda a abandonarme confiado en tus manos.
Quédate conmigo, Señor, porque sin Ti no soy nada, pero a tu lado lo tengo todo.
Amén
Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC
Subscribe to get the latest posts sent to your email.