Ante el misterio de la Trinidad - Misioneros Digitales Católicos MDC
Portada » Ante el misterio de la Trinidad

Ante el misterio de la Trinidad

por Pbro. Carlos Padilla E.
Trinidad

«Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna»

Meditar sobre la Trinidad es una invitación que me hace la Iglesia cada año. Me detengo ante ese misterio que no acabo de entender. Sobre todo es una oportunidad para meditar en ese Dios al que amo, al que rezo, al que sigo. Pienso en cómo ese Dios en el que creo, al que sigo. Moisés se había encontrado con Dios, había escuchado su deseo, había podido verlo por la espalda y había pensado que Dios quería que liberara a su pueblo de la esclavitud: «En aquellos días, Moisés madrugó y subió a la montaña del Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra. El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor. El Señor pasó ante él proclamando: – Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad. Moisés al momento se inclinó y se postró en tierra. Y le dijo: – Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque es un pueblo de dura cerviz; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya». Pienso en mi fragilidad y descubro que Dios me ama, porque es compasivo.

Creo en ese Dios que me ha creado para el amor. Me ha amado al crearme y me ha dado el don de la libertad para seguir sus pasos, para escuchar su voz. Creo en ese Dios que es Padre, que me ama como su hijo más querido. Un Dios misericordioso que me mira con compasión. Sabe que soy solo una creatura, que soy débil y caigo con frecuencia. Sabe que mis días están contados y que esos días son una oportunidad para ser feliz, para ser niño, para ser hombre. Yo puedo hacer que este mundo sea mejor, por eso me ha dado la vida. Y con ella me ha dado la oportunidad de elegir cómo reaccionar ante todo lo que me sucede. Puedo ser reflejo de un Dios lleno de misericordia o reflejo de un Dios cruel que trata mal a las personas. Un Dios lleno de respeto o un Dios que exige lo que el hombre no le puede dar. Me gusta pensar en este Dios al que amo con todas mis fuerzas porque me ha creado por amor. Me ha dado la vida para que la use como un don que se me concede. No tengo derecho a ser feliz, pero puedo serlo si aprovecho todo lo que Dios me da. A veces me parece injusto este Dios que quita cosas, que exige más de lo que yo puedo devolverle. ¿Cómo es el rostro de ese Dios al que amo? Es un Dios personal que me llama por mi nombre. Como María de Guadalupe que llamaba a Juan Diego en diminutivo, porque era el más pequeño de sus hijos. Lo llamaba con amor y deseaba que él la siguiese a Ella con amor. Creo en ese Dios bueno que me ama como soy. Me ha dado muchos talentos y ha puesto de mí una semilla de eternidad.

Tengo una necesidad inmensa de amar y ser amado. Y toda mi vida es una carrera por encontrar el amor. Puedo ser un reflejo de ese Dios en la tierra. ¿Qué rasgos tiene el Dios al que amo? Un Dios como el de la parábola del hijo pródigo, que espera a la puerta de su casa el regreso del hijo perdido. Un Dios como ese buen Pastor que sale a buscar la oveja perdida cuando quedan en el redil las noventainueve restantes. Un Dios que olvida mis pecados nada más cometerlos. Un Dios que no lleva cuentas del mal que hago y sólo me pide que confíe, que vuelva a empezar, que no tenga miedo. Un Dios que llora conmigo cuando lloro, sin pedirme que deje de hacerlo. Ríe a mi lado cuando río. Un Dios que paga al último que llega lo mismo que al que lleva trabajando desde el amanecer, porque todo lo suyo es mío y su casa es el mejor lugar en el que descansar y ser feliz. Un Dios que valora mi humildad y no desea mi vanidad. Que ama mi sencillez y no le gusta que me engría ni me sienta mejor que otros. Un Dios que me abraza con fuerza para que nunca me sienta solo. Un Dios que recorre el camino equivocado sólo para ir a mi lado esperando a que lo descubra. Un Dios paciente que me pide que no pierda la paz nunca. Un Dios celoso que quiere que viva mirándolo a Él cada mañana. Un Dios alegre que desea que ría todos los días, porque la vida en esta tierra es demasiado corta. Un Dios fiel que no se olvida nunca de la promesa de amor que me hace desde que me despierto.

Creo en un Dios amigo que pasea por el jardín de mi alma recordándome que soy amado. Un Dios que es Padre y me dice cada día que yo soy su hijo predilecto. No tengo todas las respuestas ni tampoco sé si estoy en lo cierto en todo lo que creo. Sólo sé que he tocado su amor en mis entrañas, que me ha enamorado su mano posando sobre mis hombros. Creo en un Dios providente que me ama con todas sus fuerzas y espera que haga lo que desea para mí. Pero ¿qué desea Dios de mí? ¿Qué caminos quiere que recorra? ¿Quiere que haga esto o lo otro, que me quede en este lugar o vaya a habitar en otra tierra? La voz de Dios es un susurro, a veces un silencio profundo que no logro descifrar. Me gustaría tener la certeza de que sus planes son los míos y mi camino el suyo. Descubrir su voz pronunciando mi nombre cada mañana y diciéndome que no tema, que me ama y va conmigo allá donde yo vaya. Dios es un Padre misericordioso que me desea, me busca y me ama cada día. No se olvida de mí. Me perdona siempre, me llama por mi nombre no por mi error. Olvida mis pecados y no me los recuerda cuando me acerco a Él lleno de temor. Me ha soñado y sabe cuál sería el camino mejor para que mi vida sea plena. Pero respeta mis decisiones y me espera siempre lleno de ternura para abrazarme cuando llegue cansado a casa después de haber luchado. 


Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC

Subscribe to get the latest posts sent to your email.

Artículos relacionados

Deja un comentario

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumimos que está de acuerdo con esto, pero puede optar por no aceptarlas si lo desea. Acceptar Leer más

Privacidad & Políticas de Cookies

Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading