La fe es un don de Dios, pero como el Padre siempre cuenta, espera, nuestra colaboración, a la fe hay que entrenarla. De esto habla el siguiente texto.
«Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos» Esto es lo que a Jesús le pide uno de sus discípulos. Así lo relata el apóstol Lucas en el primer versículo del capítulo once. Y, a continuación, Jesús les enseña el Padrenuestro. Pero él no sólo les estaba enseñando como dirigirse al Padre celestial. Les estaba dando una herramienta para entrenar a la Fe. Para que ella tenga la fuerza suficiente para atravesar la hora de la prueba lo mejor que ella pueda. Sea esta pequeña o grande.
Es así. Como cuando uno sale a caminar o a correr, practica un deporte o hace actividad física en un gimnasio para estar bien, para sentirse saludable; eso mismo hay que hacer con la Fe. Hay que entrenarla. La oración es un buen gimnasio espiritual.
PRIMERA RUTINA
Y como yo lo he experimentado -disculpas por la autorreferencia- en el gimnasio al que voy desde hace cuatro años; lo importante, es, primero, encontrar un buen profesor -gracias a Dios lo he encontrado- seguir sus indicaciones e ir poco a poco.
En el plano espiritual, será dar con la persona que nos ayude a recorrer este camino. Puede ser un director espiritual, algún integrante del ministerio de la escucha, un grupo de la parroquia a la que se concurra o la misma comunidad parroquial. Dios nos ofrece la ayuda de muchos samaritanos.
Una vez que hayamos dado ese primer paso, el siguiente es tener presente que no seremos el Messi de la vida espiritual en un suspiro. Además, debemos ser conscientes de que a lo largo del recorrido y, como le ha ocurrido al futbolista argentino, sabremos lo que es el éxito, pero también lo que es el tropezar.
Por ejemplo, en ocasiones, lo que pasa en una misa nos tocará el alma y, en otros momentos, puede ser que sintamos que no ha pasado nada, que sólo hemos asistido a un ritual. En este punto, lo que habrá que valorar es que hemos estado presentes.
Porque, como le pasa a cualquier deportista, habrá días en lo que uno tendrá ganas de entrenar y otros en los que se deseará pasar ese momento lo más rápido posible. Aquí lo valioso fue, es y será, que no hemos dejado de hacerlo. Que nos hemos mantenido en el camino.
SEGUNDA RUTINA
Otro punto importante es saber que siempre somos discípulos. En el capítulo 18 del Evangelio según san Mateo, los apóstoles le preguntan a Jesús quién es el más grande en el Reino de los Cielos. Y él les responde que para entrar en el Reino de los Cielos deben hacerse niños.
Es decir, que en la vida hay que tener la actitud de siempre estar empezando, como un niño; y no pensar que los saben todo, como en más de una oportunidad lo creemos los adultos.
Como supo decir un técnico del fútbol argentino, se va paso a paso. En el trabajo espiritual es día a día. Rezo a rezo. Oración a oración.
TERCERA RUTINA
Pero en ocasiones habrá que hacer como por estos días lo están haciendo las selecciones que participan en el Mundial de Fútbol 2026. Habrá que concentrar. Habrá que retirarse un tiempo del día a día y poner toda la atención en lo que Dios nos quiere decir y dedicar más tiempo a conversar con él.
Como lo escuché este fin de semana en el retiro al que asistí, es muy positivo, a la hora de entrenar a la Fe, tener a mano las meditaciones diarias de Padre Luis Zazano; los 10 minutos con Jesús; Los Cinco Minutos del Espíritu Santo, un video que nos compartan o una lectura que nos sugieran, como lo pueden ser las catequesis del actual Papa León XIV, que tiene lugar todos los días miércoles. O el nuevo podcast de Misioneros Digitales, En salida
Todo esto está buenísimo, pero sumergirse con profundidad en el libro de Rut, en alguna carta de san Pablo o en las parábolas de Jesús, habrá que emplear un poco más de tiempo. Y los retiros espirituales o las convivencias nos dan esa oportunidad.
A DESCANSAR
Así que ya saben. Como al cuerpo y a la salud, a la Fe hay que entrenarla y cuidarla. Pero siempre recorriendo el camino hacia el Padre, a través del Jesús, en la compañía del Espíritu Santo. Y con el firme propósito de ser buenos Hijos de Dios.
Gracias por haber leído estas líneas y los voy dejando. Me toca hacer un poco de ejercicio escuchando Los Salmos.
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