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Meditación del día 25 de agosto

por Pbro. Luis A. Zazano
meditación agosto 25

Evangelio según san Mateo 23, 23-26

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello.
¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y desenfreno!
¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así también quedará limpia por fuera.

Hipocresía

  1. ¡Ay de ustedes!: Parece que siempre nuestros problemas y ansiedades la causan los otros, los de afuera. Hasta pensamos que son “los otros”. Ellos son los que necesitan un inventario moral que les indique las cosas. Seguimos con el síndrome de Adán y Eva de culpar al otro de la caída. Hay gente que cree no tener la necesidad de la autoevaluación, porque malinterpretan la gracia de Dios. Dicen “Bueno, si total Dios me va a perdonar” y piensan que la gracia es una excusa para evitar la autoevaluación. Y lo curioso es que la autoevaluación es lo único que nos va a ayudar a encontrar la gracia de Dios, porque si uno no se ve a sí mismo, de qué va a pedir perdón a Dios. Si yo no logro ver mis pecados concretos nunca podré apropiarme de esa Gracia Divina. Si evito la verdad sobre mi vida y evito la gracia de Dios, entonces, ¿en dónde estoy?. Por eso, realizar un inventario escrutador siempre es doloroso pero sanador; porque lleva a la salvación y al cambio. El encuentro más difícil es el encuentro con uno mismo, porque cuando decís “Este soy, así soy y estos son mis pecados y estos son mis miedos, entonces ahí sí puedo decir: “Vos podés ayudarme”.
  2. Ley: No persigas una vida que parezca admirable, sino más bien construye una vida que vos puedas respetar. El problema es cuando querés que todos te admiren y buscas que todos te vean, casi cayendo en un narcisismo del yo, por encima de Dios mismo. Allí es cuando todo se cae y solo giras en tu mundo olvidándote del mundo y de Dios. Mi miedo como cura cada vez que voy a dar charlas es quedarme en el “yo”. Por eso, cuando me saludan o me hablan siempre pregunto “¿Cuál es tu nombre?” para saber que hay un otro y que es ese “otro” quien puede aportar a mi vida. Allí comprendo que, en estos catorce años de cura que llevo, está mi lucha entre lo que digo que soy y lo que soy.
  3. Dentro: No sé cuándo es tu tercer día de resurrección, pero te aseguro que va a venir. Por eso, a pesar de las oscuridades que vivís, vas a resucitar. Todos vivimos días de oscuridad, en donde no se ve claro el caminar y ahí es donde debes mirar tu interior. En la gramática de Dios nunca pongas una coma donde Dios pone un punto final; y nunca pongas un punto final donde Dios pone una coma, pero Dios pone una coma incluso en el final de la vida, en la muerte. Dios usa lo que no es para avergonzar a los que se creen que son, así que confía en su gracia. Algo bueno está por venir.

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