Evangelio según san Lucas 4,38-44
Al salir de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella.
Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y esta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.
Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba.
De muchos salían demonios, gritando: “¡Tú eres el Hijo de Dios!”. Pero él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.
Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos.
Pero él les dijo: “También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado”.
Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.
Salieron a buscarlo
1) Simón: Dios a todos nos dio cápsulas de 24 horas. Nadie tiene más tiempo que otro. El tiempo es implacablemente igualitario e imparcial. Dios nos ha dado a todos la misma cantidad de tiempo y, si Dios nos dio 24 hs, es porque es un tiempo suficiente para que hagamos lo que Dios quiere que hagamos. El tiempo es nuestro único recurso no renovable porque las horas que no usemos hoy no se acumulan para mañana. Peones y reyes disponen del mismo número de horas en el día. Por eso, deja de estar a la espera de que la vida te traiga sorpresa o de que tu mamá cambie o que tu cónyuge haga lo que vos quieres que haga. Puede que se te esté pasando todo. Recordá que en aprender a vivir se nos va la vida. No te angusties por el mañana, que el mañana trae sus propios afanes, nos dice Jesús. Por eso, lo que te puedo decir es que “problemas hoy, problemas mañana”, pero hay 24hs por día solamente. Así que aprende de Pedro, encomienda a Jesús y lleva a Jesús ese problema que tienes.
2) Servirlos: Me gustaría compartirte una reflexión que me hicieron una vez: La gente buena no perdona, sino que la gente buena desaparece. El malo grita, te pelea, te las cobra. El bueno te trata bien hasta el último día y un día ya no está y no vuelve nunca. Por eso hay que tener más miedo de decepcionar a una persona buena que traicionar a una persona mala. La mala te la cobra y ya pasó, en cambio la buena te la borra sin decirte nada. La persona buena aguanta mucho más de lo que debería y te da más oportunidades de las que le pediste. Te justifica y te espera, pero no te avisa que se está cansando, porque no amenaza ni hace escenas, no negocia su respeto. Simplemente entiende que no vas a cambiar y ahí se acabó. No hay pelea de despedida y te sigue saludando y tratando con educación, pero no te enteras que ya no estás para esa persona. Una persona así no está enojada, sino decidida. El malo te grita y se le pasa, en cambio, el bueno te trata bien y ya soltó. Cuando el bueno se cansa no te lo dice, sino que te lo demuestra el resto de su vida. Por tanto, servir como buenas personas y responder como buenas personas.
3) Buscarlo: Acordate de lo de Marco Aurelio que decía que la felicidad de nuestras vidas depende de la calidad de nuestros pensamientos. Si alguien no te valora, y te quedas con esa persona, entonces sos vos quien no se valora. El lugar correcto te valora de la forma correcta. O sea, si no sos valorado no te equivoques, porque es que estás en el lugar equivocado. Así que aprende a moverte como Jesús y seguí tu camino de encuentro con Dios y con quienes te lleven a Dios. Algo bueno está por venir.
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