«El segundo es semejante a él: – Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas»
Jesús complementa el primer mandamiento con el segundo: «El segundo es semejante a él: – Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas». Amar a mi prójimo, al que está cerca de mí. Ser para él un lugar de paz y descanso. Amarlo hasta el extremo, hasta que pueda llegar a perder la vida por amor a él. ¿Es así mi amor a mi prójimo? ¿Quién es mi prójimo en primer lugar? Porque para el pueblo judío el prójimo no era el extranjero, ni el que se encontraba al borde del camino pasando necesidad. Corro el peligro de restringir el número de personas que forma parte de mi prójimo. Dejo fuera de mí a los que me incomodan, a los que me molestan, a los desconocidos que necesitan ayuda, a los inmigrantes que ocupan ese espacio que creo me pertenece a mí. Expulso a los nuevos, a los que no piensan como yo, a los que no comparten mi mundo. Reduzco el grupo de los que son prójimos, de los que están cerca de mí, los alejo. La solidaridad me lleva a abrir mi corazón para que entren más, para que tengan su lugar los que más me necesitan. Dejo de ser lejano y me convierto en próximo. Dejo de ser extranjero y me convierto en amigo. Dejo de ser distinto y paso a ser hermano. Ese cambio no es tan fácil porque me gusta reducir el grupo de los míos, de los que están en mi vida como importantes, de los que merece la pena que reciban ayuda. Jesús me lo dejó claro, cualquiera que está al borde del camino pidiendo ayuda en su desvalimiento es mi prójimo. Cualquiera que clama desde su fragilidad es digno de mi amor.
¿Quiénes son mis prójimos? Miro a mi alrededor y pienso en todos los que necesitan mi ayuda sin llegar a pedirla. En todos los que sufren porque están solos. Me acerco a ellos para que dejen de estar solos. No basta con alzar la mirada para poder verlos, es necesario también tender la mano. Alzo la mirada y dejo de pensar en lo mío, en lo que me preocupa, en lo que es importante para mí. Alzo la mirada y veo a los demás con sus miedos y preocupaciones. Alzo la mirada y veo lejos a todos los que recorren el mismo camino que yo. Y luego me acerco, mis pies se ponen en movimiento para sacarme de mi comodidad, de mi tranquilidad. Camino hacia el que está necesitado. Hacia el que era ajeno a mí hasta este momento en que lo veo de cerca. Le pregunto por su necesidad y ya pasa a ser un próximo. Ya es el prójimo al que tengo que amar. Le tiendo la mano para ayudarlo a salir de su indigencia, de su necesidad, de sus miedos. Y entonces comienza ese amor del que me habla Jesús. Quiere que ame a Dios y ame al prójimo. Porque es imposible amar a Dios sin amar al prójimo. ¿Cómo puedo amar a Dios a quien no veo y odiar al hombre al que veo? No tiene sentido, es incoherente. Cuántas veces me veo así de incoherente.
Hablo mucho con Dios, busco la soledad, busco el amor de Dios y trato mal a mi prójimo, al hermano al que sí veo porque está a mi lado necesitado. Al mismo tiempo Jesús me pide que lo ame como me amo a mí mismo. La medida del amor es la medida de mi amor propio. Tanto como yo me amo a mí mismo tengo que amar a mi hermano. El problema es cuando no me amo bien, cuando no me trato bien a mí mismo. Entonces corro el riesgo de tratar mal a los demás. Si a mí me trato mal, es lógico que trate mal a mi hermano. Si no me quiero bien, tampoco sabré querer bien a mi prójimo. La medida de mi amor. Le pido a Dios que me enseñe a amarme bien, con verdad, con paz. Que me ame en mi pobreza, en mi pequeñez. Sin tratarme mal, cuidándome. Esa es la medida de mi amor al prójimo. Quiero amar a los que están a mi lado con todo mi corazón, sin miedo a perder, sin temor a no recibir tanto amor como el que yo entrego. Eso no importa. Amo sin esperar nada. Amo sin tener en cuenta las consecuencias de ese amor que me lleva a darlo todo. Así quiero amar, hasta el extremo, hasta dar la vida. Así quiere amarme Dios y así quiere que ame yo a los que están a mi lado, a aquellos a los que me aproximo en el camino.
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