“Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.” (Credo de Nicea-Constantinopla)
Nuestro Señor vinculó el perdón de los pecados a la fe y al Bautismo: «Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará» (Mc 16, 15-16). El Bautismo es el primero y principal sacramento del perdón de los pecados porque nos une a Cristo muerto por nuestras faltas y resucitado para nuestra justificación, a fin de que «vivamos también una vida nueva» (Rom 6, 4). En el bautismo el perdón recibido es pleno y completo, aunque no nos libra de las debilidades de la propia naturaleza.
Pero el Bautismo no es el único medio para perdonar; era necesario que la Iglesia fuera capaz de perdonar a todos, incluso hasta en el último momento de vida… es por eso que existe el sacramento de la reconciliación (confesión, penitencia), para que los ya bautizados puedan recibir el perdón. Al darle el Espíritu Santo a sus Apóstoles,Jesús les dio el poder divino de perdonar los pecados: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen y retenidos a quienes se los retengan.” (Jn 20,22-23). Por voluntad de Cristo, la Iglesia posee el poder de perdonar los pecados de los bautizados y lo ejerce de forma habitual en el sacramento de la reconciliación por medio de los obispos y de los presbíteros. (pragermetis.com)
Tanto los sacerdotes como los sacramentos son instrumentos, es nuestro Señor Jesucristo el único autor y dispensador de nuestra salvación. Él es quien borra nuestros pecados y nos bendice con la gracia de la justificación.
(CIC 976-987 ; Youcat 150-151)