«Todo por amor, nada por la fuerza»
Hoy 2 de abril se conmemora a san Francisco de Paula. Nacido en la pequeña ciudad de Paula, en Calabria, un 27 de marzo de 1416.
Sus padres eran modestos agricultores. Sus nombres eran Santiago y Viena. Vivían con la pena de no tener hijos, dado que ambos eran ya de edad avanzada. Quince años después de mucha oración, por intercesión de san Francisco de Asís, nace un niño a quien pusieron el nombre del santo, debido a una promesa que le hicieron.
Un mes después de nacido, enfermó de una infección a los ojos, que le amenazaba la visión. Sus padres desesperados recurrieron de nuevo al santo. Esta vez le prometieron que en caso de que el niño sanase, portaría el hábito franciscano y lo dejarían durante un año en un convento de la Orden. A los doce años lo llevaron al convento franciscano de San Marcos.
Algunos milagros marcaron la vida del fraile-niño en el convento. Los frailes querían conservar consigo a aquel adolescente que daba tantas pruebas de santidad, pero él se sentía llamado a otro camino. Acabado el año, se dirigió con sus padres a Monte Cassino. En este lugar, pidió a sus padres que lo dejasen vivir como ermitaño. Subió una montaña, y ahí encontró una pequeña gruta, que transformó durante seis años en su morada, viviendo exclusivamente para Dios, en la contemplación y penitencia.
Comenzaron a surgir jóvenes discípulos, ya que muchas personas deseaban ponerse bajo su guía espiritual y compartir su vida austera. Teniendo solo 19 años, obtuvo del obispo local licencia para construir un monasterio. Ese fue el origen de la Orden de los Mínimos, fundada por el santo en 1435. El Papa Sixto IV aprueba su orden con el nombre de Ermitaños de Calabria y nombra a Francisco de Paula superior general perpetuo.
Lleno de méritos y viendo ya su obra consolidada, muere a los noventa y un años de edad el 2 de abril de 1507, en Tours (Francia), un Viernes Santo. Seis años después el Papa León X lo beatificó, y posteriormente fue canonizado. Actualmente es patrono de los marinos y pescadores.
Te pedimos Señor, nos ayudes como a san Francisco de Paula, a disfrutar los momentos de soledad, refugiados en la oración y el expío de nuestros pecados, a través de la penitencia. Porque algo bueno está por venir.