Hoy, 30 de abril, la Iglesia celebra la fiesta de san Pío V, papa
El santo pontífice nació el 17 de enero de 1504 en la localidad italiana de Bosco, y fue bautizado con el nombre de Antonio Ghislieri. Sus padres, Pablo Ghislieri y Dominica Augeria, llevaban una vida muy piadosa. Como su familia era muy pobre, hasta sus 14 años tuvo que colaborar con el cuidado de las ovejas y pasaba muchas horas en la soledad del campo.
Cuando Antonio era adolescente, fue bendecido por la Divina Providencia con la oportunidad de estudiar. Una familia adinerada, habiendo notado que su hijo, también llamado Antonio, había mejorado su comportamiento desde que compartía tiempo con el santo, decidió costear los gastos de su educación para que acompañara a su hijo.
Antonio comenzó su educación con los Padres Dominicos y llegó a ser religioso de esta comunidad. En 1521, con sólo 17 años, ingresó en la Orden de Predicadores, en Vigevano, tomando el nombre de Michele. En la Orden le fueron encomendados distintos cargos como el de maestro de novicios y superior en diferentes conventos.
En 1551, el papa Julio III designó a fray Michele Comisario General del Santo Oficio, asociación italiana encargada de defender la pureza de la fe. Era una época en la que el protestantismo ponía en riesgo la verdadera fe de los católicos. Ante esta amenaza, el santo recorrió a pie muchos pueblos y ciudades italianas, y con gran humildad advertía a los católicos sobre los errores que predicaban los luteranos y evangélicos.
En el año 1556, el papa Pablo IV lo designó obispo de Sutri y Nepi y en 1557 lo nombró cardenal para tenerlo cerca de él. Luego, en 1560, el sumo pontífice decidió designarlo obispo de la diócesis de Mondovi, donde era necesario que los fieles volvieran a los valores del Evangelio.
Cuando el papa Pío IV murió, quien hoy conocemos como san Carlos Borromeo animó a los demás cardenales a elegir a Antonio Ghislieri como sucesor de Pedro. Así fue como, en 1566, el fraile dominico fue elegido papa y tomó el nombre de Pío V. Hasta ese momento se acostumbraba ofrecer un gran banquete a los embajadores y jefes políticos y militares de Roma cuando tomaba posesión un nuevo pontífice, pero Pío V dispuso no realizarlo y donar a los pobres y enfermos el dinero que se planificaba destinar a ese banquete.
Cierto día, Pío V se reencontró con su amigo Antonio, cuyos padres habían pagado sus estudios, y decidió nombrarlo gobernador del Castillo de Sant’Angelo. Debido a esto, el pueblo supo sobre los orígenes del sumo pontífice y muchos quedaron admirados por el cargo al que había llegado habiendo pertenecido a una familia tan pobre.
El santo sentía una gran devoción por la Eucaristía y pasaba mucho tiempo en adoración. Los fieles se admiraban al verlo celebrar la misa con tanto fervor y, durante las procesiones, quedaban maravillados al verlo llevar sus ojos fijos en el Santísimo Sacramento, mientras recorría la ciudad de Roma llevando la custodia. También era un gran devoto de la Santísima Virgen María y recomendaba fervorosamente el rezo del santo Rosario.
El papa Pío V llevaba el estilo de vida de un monje. Su alimentación era escasa y destinaba mucho tiempo a la oración. La gente solía decir que ese era el papa que necesitaban. Pío V acostumbraba visitar hospitales y las casas de los más necesitados, ordenó prohibir la pornografía e hizo perseguir y encarcelar a los bandoleros que atacaban a los habitantes de los alrededores de Roma. La gente admiraba su santidad y, como había logrado tanto orden en la ciudad, obedecían cada una de sus normas.
Nuestro santo introdujo muchas innovaciones. Una de sus primeras decisiones fue ordenar que todos los obispos y párrocos vivieran en el lugar para el cual habían sido nombrados y ofreció a la Iglesia el Breviario y el Misal Romano. Además, para que todos los fieles estuvieran confirmados en la misma fe, publicó el Catecismo Romano según el Concilio de Trento.
Durante su pontificado, Pío V debió enfrentar distintos desafíos. Por un lado, debía pensar en la evangelización de los pueblos nativos de las tierras que habían sido descubiertas recientemente y, por otro lado, combatir el avance del protestantismo. Frente a este escenario, el santo creó dos congregaciones cardenalicias que luego se convertirían en la Sagrada Congregación De Propaganda Fide.
Sumado a esto, grande fue su aflicción cuando los musulmanes amenazaron con invadir Europa y acabar con la religión católica. Estos llegaban desde Turquía, arrasando con todas las poblaciones católicas. Ningún rey se animaba a enfrentarlos. Las muertes aumentaban y la destrucción se expandía, por esto, Pío V decidió reunir a los líderes europeos. Así, el sumo pontífice, el rey Felipe II y los príncipes cristianos formaron la llamada Liga Santa y sumando sus flotas organizaron una gran armada dotada de los mejores barcos.
Pío V pidió que todos los combatientes se confesaran y comulgaran en Misa antes de zarpar y los jefes de la armada los hicieron rezar el rosario antes de iniciar la batalla. El encuentro del ejército del papa con los musulmanes se produjo en el Golfo de Lepanto.
Durante el combate, el papa permaneció en oración junto al pueblo de Dios. Mientras los fieles recorrían descalzos las calles rezando el Rosario, Pío V pasaba horas rezando con sus brazos en cruz.
Los musulmanes eran superiores y el viento soplaba en contra para los cristianos. Pero, sorpresivamente, el viento cambió de dirección y los católicos pudieron atacar y hacerlos retroceder. Era el 7 de octubre de 1571 al mediodía. El papa se encontraba rezando el Rosario pidiendo la mediación de la Santísima Virgen María. La comunicación era muy lenta debido a la distancia, pero sin recibir noticia alguna, el Santo Padre se asomó a la ventana, miró al cielo y dijo: “Dediquémonos a darle gracias a Dios y a la Virgen Santísima, porque hemos conseguido la victoria”.
Como agradecimiento, Pío V dispuso que cada año se celebre los días 7 de octubre la fiesta de Nuestra Señora de la Victoria, que en 1573 adquirió el nombre de Nuestra Señora del Rosario, y que en las letanías se introdujera la oración “María, Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros”. Su mensaje de felicitación al ejército vencedor decía: “No fueron las técnicas, no fueron las armas, las que nos consiguieron la victoria. Fue la intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de Dios”. El santo solía decir: “Si tú haces algo por la Virgen María, la Virgen hará mucho por ti”.
El papa Pío V murió el 1 de mayo de 1572 en Roma, dejándonos un gran ejemplo de santidad, pobreza, humildad y confianza en la oración. Fue canonizado el 22 de mayo de 1721 por el papa Clemente XI.
En el día de su fiesta, le rogamos a san Pío V que interceda ante Dios para que tengamos su misma devoción por el rezo del santo Rosario, porque algo bueno está por venir.