Mártires
El martirio de estos dos soldados romanos ha pasado a la historia, gracias a que el papa san Dámaso escribió un epígrafe en su honor en el siglo IV. De ese modo, nos reveló su identidad y transmitió hasta nuestros días, el reconocimiento del doloroso martirio de sus vidas.
Los santos Nereo y Aquiles eran soldados, que habrían entrado voluntariamente al ejército. Su objetivo consistía en servir los intereses del imperio Romano, que entonces regentaba el emperador Diocleciano. Según cuenta el papa Dámaso, en los primeros momentos, aún no profesaban la fe cristiana. Pero, por milagro de Dios, los soldados se convierten al catolicismo y abandonan las armas. Al ver la esperanza con la que se enfrentaban a la persecución los cristianos, se sienten atraídos, haciéndose bautizar en el nombre de Jesús. Su conversión pronto se hace pública, y son apresados por abrazar la religión prohibida por el emperador. Alrededor el año 304, al persistir en adorar al Dios único y verdadero, son condenados a muerte como se prescribía con los que no profesaban por los dioses romanos. El sacrificio de los soldados fue honrado por aquellos primeros cristianos, que los declararon santos al poco tiempo después de su muerte. Sus cuerpos fueron sepultados en el cementerio de Domitila, en Roma. Allí se construyó una basílica en su honor.
En el día que recordamos a san Nereo y san Aquiles, pedimos su intercesión para que hermanados en la fe, podamos siempre dar testimonio de aquél que es el único Señor. Porque algo bueno está por venir.