Hoy es el día que la Iglesia Católica celebra el sentido de la Fe, porque es el Domingo de la Resurrección de Jesús o de Pascua, cuando Cristo triunfante sobre la muerte abre las puertas del cielo.
El Domingo de Resurrección es la cima del año litúrgico. Pascua es victoria, es el hombre llamado a su dignidad más grande. ¿Cómo no alegrarse por la victoria de Aquel que tan injustamente fue condenado a la pasión más terrible y a la muerte en la cruz?
Este es el día de la esperanza universal, el día en que, en torno al resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada. El hombre no puede perder jamás la esperanza en la victoria del bien sobre el mal.
El tiempo pascual comprende los cincuenta días que median entre el domingo de la Resurrección hasta el domingo de Pentecostés y que se han de celebrar con alegría y júbilo, como si se tratara de un solo y único día festivo, como un gran domingo. Las celebraciones litúrgicas de este tiempo expresan y nos ayudan a vivir el misterio pascual comunicado a los discípulos del Señor Jesús. El Cirio Pascual permanecerá encendido hasta el día que se conmemora la Ascensión de Jesús al cielo.