La fiesta de la Dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor es en recuerdo del asombroso milagro de la nieve en Roma, un 5 de agosto del año 358.
Cada 5 de agosto, la Iglesia celebra la fiesta de la Dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor, en recuerdo del asombroso milagro de la nieve en Roma, un 5 de agosto del año 358. Ese día, según la tradición, la Virgen María se le apareció en sueños al papa Liberio, pidiéndole que construyera una basílica en el lugar donde encontrara nieve. Fue en el monte Esquilino, el que se cubrió milagrosamente de nieve. La basílica fue construida una vez que el Concilio de Efeso, en el año 431, proclamó la maternidad divina de María. Se construyó sobre el monte Esquilino, en dedicación a la santa Madre de Dios. Recibe también el nombre de Santa María de la Nieves, en recuerdo del evento milagroso de la nieve.
La Basílica de Santa María la Mayor, se destaca por ser el templo más grande de la ciudad dedicado a la Virgen María. Asimismo, es reconocida como la basílica más antigua, la primera dedicada a la Virgen en Occidente y uno de los templos más visitados de Roma y de toda la cristiandad. Es una de las cuatro Basílicas Mayores, junto con las de San Pedro, San Juan de Letrán y San Pablo Extramuros.
Esta basílica ha conservado su estructura de arquitectura paleocristiana. Sus magníficos mosaicos del siglo V, su campanario de estilo romántico renacentista, sus frescos, y la profusión de sus mármoles, la convierten en una de las iglesias más bellas de la ciudad. Bajo el altar central se conserva un relicario con cinco bastones de madera de la cuna de Cristo, traída a Roma por santa Helena.
En la basílica, hay también, una imagen mariana, con el título de “Virgen María, salvadora del pueblo romano”, la Salus Populi Romani, protectora de la ciudad. En el ícono se observa a la Virgen con el Niño Jesús en brazos. El Niño sostiene el Libro Santo con el brazo izquierdo y con el derecho bendice. El manto negro de la Madre pone en relieve el vestido dorado de su Hijo.
El papa Francisco era particularmente devoto de esta imagen, así como también se consagraba a ella cada vez que salía de Roma. Ante cada viaje apostólico, y a su regreso, acudía a agradecerle por su protección durante el trayecto. También, eligió ser sepultado en esta basílica, que era su favorita, por la cual sentía una profunda conexión espiritual y emocional, y que tantas veces había visitado, confiándole a la Virgen sus intenciones y dándole gracias por su dulce y maternal cuidado.
En el día que celebramos la fiesta de la Basílica de Santa María la Mayor, te pedimos Madre, intercedas ante tu Hijo, para que nos conceda la paz, y guíes nuestros pasos hacia el camino de la paz. Porque algo bueno está por venir.