Eso, sólo eso, fui a buscar al supermercado hoy, al filo del mediodía, en un ya más reconocible febrero chaqueño luego del fresco de los días pasados…
Pero en el Super, como me suele suceder cada vez más, no iba a encontrar sólo cinco bananas y tres tomates.
Una persona a quien vi varias veces -y con la que apenas había intercambiado un saludo- me preguntó como tenía que hacer para conseguir agua bendita. Le dije que sencillamente me trajera una botellita con agua y se la bendecía, y procedimos a realizar allí, sobre el mostrador de la carnicería, el sencillo sacramental.
Yendo hacia la caja, apoyada en una pila de packs de gaseosas, me esperaba otra persona. Quería preguntarme cómo tenía que hacer para bendecir su casa. Organizamos la logística de la visita hogareña para el lunes siguiente, y sólo entonces me contó, con sencilla descripción, la dolorosa situación familiar que les tocaba vivir.
Ya a punto de ir a pagar, otra persona me paró y me dijo que necesita hablar conmigo, y que cuándo podíamos vernos. Acordamos días y horarios posibles -previo mensaje de whatsapp- y enfilé, ahora sí, para la caja.
Allí, el dueño del local me pidió si podía bendecirle una imagen de la Virgen que una persona había encontrado en el basural… él lamentaba que alguien hubiera hecho eso con un objeto sagrado, y no podía entenderlo. Reflexionamos sobre como algunas veces personas católicas que comienzan a ir a otras comunidades cristianas son invitadas -o presionadas- a tirar las estatuas o estampas tanto tiempo veneradas.
Pagué, saludé y me despedí, cargué mis cinco bananas y tres tomates, y en la puerta me encontró otra persona más. Que había estado durante la Santa Misa de Cenizas en la Capilla de Adoración Perpetua, y que por eso no había podido recibir ese signo de penitencia. Me dijo que desde la capilla intentó seguir la celebración, y le dije que aunque no tenía la ceniza en su pelo, ha había recibido en su corazón…
Todo este “tour” misionero comenzó, sí, aunque parezca raro, por las cinco bananas y los tres tomates.
¡Bendito sea Jesús que se las arregla, siempre, para hacerse presente en el mundo, en cualquier circunstancia y de tantas maneras!
¡Bendita la fe de la Iglesia, bendita nuestra Santa Fe Católica, tan sobrenatural y tan humana, que puede atravesarlo todo y resplandecer siempre!
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2 comentarios
Bendito y alabado sea Jesucristo y nuestra Fe
Dios lo bendiga…pastor con olor a oveja.