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Bautismo del Señor

por Card. Rubén Salazar Gómez
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Con la fiesta del Bautismo del Señor, empezamos en la liturgia un período nuevo, en el cual vamos a considerar, después de haber celebrado de la Navidad, el ministerio de nuestro Señor.

Jesucristo, el Señor inaugura su ministerio con el bautismo, escuchemos con atención el relato que nos trae el Evangelio de San Lucas.

Lectura del santo evangelio según san Lucas3,15-16.21-22

Como la expectativa de la gente iba creciendo y todos se preguntaban su Juan el Bautista no seria el Mesías, él les dijo a todos:

“Yo los bautizo con agua, pero viene otro que es más poderoso que yo.

Yo ni siquiera merezco desatarle la correa de las sandalias.

Él los va a bautizar con Espíritu Santo y fuego”

Cuando todo el pueblo se hizo bautizar, Jesús también fue bautizado. Y estando en oración, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió en figura corporal como paloma sobre él, y una voz desde el cielo dijo:

“Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo mi complacencia”.

Palabra del Señor.

Transcripción de La Voz del Pastor domingo 13 de enero de 2019

En el bautismo el Señor nos invita a que recordemos también nosotros nuestro propio bautismo, y para eso tratemos de considerar que significa el bautismo de Cristo nuestro Señor.

Allí se nos dice que se escuchó una voz, que decía este es mi hijo muy amado quien me complazco escúchenlo, es decir en el bautismo Dios certifica, que esa persona Jesús de Nazaret, es su hijo amado, es su hijo en el cual él se complace, es un hijo en el cual él quiere que nosotros descubramos al padre y por lo tanto descubramos lo que tiene que ser nuestra salvación, lo que tiene que ser nuestra alegría, de nuestra existencia, por eso también nosotros en el bautismo cuando recibimos el bautismo escuchamos esa misma voz, porque allí en el bautismo nosotros somos hechos hijos de Dios, recibimos por la unión profunda con Cristo nuestro Señor, esa realidad de hijos de Dios y por lo tanto en nuestro Bautismo nos hacemos otros Cristos.

Como dice San Pablo, somos hechos criaturas nuevas ya no somos simplemente seres humanos, somos hijos de Dios, tenemos en nuestro corazón la vida misma de Dios, los revestidos de Cristo también como dice San Pablo, decir nuestra vida adquiere una forma diferente una naturaleza nueva que es la de que somos hijos de Dios, y esto tiene que marcar toda nuestra existencia, nosotros no podemos vivir exactamente como viven los que no creen en Cristo, nosotros no podemos vivir como aquellos que creen que el único objetivo que tiene la vida es irse por su lado, haciendo lo que se les provoca, nosotros somos hijos de Dios y permanecemos en el amor a Dios y en el amor a los demás y toda nuestra vida tiene que estar marcada por esa realidad de hijos de Dios, ahora si somos hijos todos del mismo padre, entonces somos también hermanos todos, los unos de los otros, San Pablo nos dice que con el Bautismo, se borran todas las diferencias que hay en la humanidad, ya no hay diferencias sexuales, ya no hay hombre y mujer dice San Pablo, es decir ya no hay algo que discrimine por ser una cosa o la otra, ya no hay judío, ni griego dice san pablo, es decir ya no hay diferencias de tipo religioso, ya no hay bárbaro, ni escita, ya no hay diferencia de tipo cultural, todos los seres humanos somos fundamentalmente iguales.

 Todos tenemos la misma dignidad, todos tenemos los mismos derechos fundamentales, todos somos hijos de Dios, y por lo tanto todos tenemos que manejarnos así, respetando profundamente a los demás, aceptando a los demás, luchando por la fraternidad y la solidaridad, y haciendo de nuestra vida una manifestación permanente de ese amor misericordioso de Dios que cobija a todos los seres humanos, el Señor permita que realicemos esto en nuestra vida de todos los días.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.

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