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Corpus Christi: La Eucaristía centro de la vida Cristiana

por Card. Rubén Salazar Gómez
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Estamos entrando poco a poco en lo que podríamos llamar nosotros el tiempo ordinario en el año litúrgico.  Después de la fiesta de Pentecostés empieza lo que llamamos ese año, ese tiempo ordinario, ese tiempo en el cual poco a poco nos vamos introduciendo en la explicación, en la profundización del misterio que hemos vivido, especialmente en el tiempo pascual.  Por eso ahora en este domingo, la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo nos invita a que tomemos conciencia de lo que tiene que ser el alimento fundamental de nuestra vida ordinaria, de nuestra vida Cristiana, de todos los días; escuchemos con atención el evangelio:

Evangelio según San Lucas 9,11b-17. 

Jesús habló a la multitud acerca del Reino de Dios y devolvió la salud a los que tenían necesidad de ser curados.
Al caer la tarde, se acercaron los Doce y le dijeron: «Despide a la multitud, para que vayan a los pueblos y caseríos de los alrededores en busca de albergue y alimento, porque estamos en un lugar desierto».
El les respondió: «Denles de comer ustedes mismos». Pero ellos dijeron: «No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente».
Porque eran alrededor de cinco mil hombres. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: «Háganlos sentar en grupos de cincuenta».
Y ellos hicieron sentar a todos.
Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que se los sirvieran a la multitud.
Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas.

Palabra de Dios

Transcripción de La Voz del Pastor del 23 de junio de 2019

Se nos narra la multiplicación de los panes, es un milagro que para la iglesia primitiva tuvo un gran sentido y una gran importancia en el evangelio de Marcos; en el evangelio de Mateo se nos presenta dos veces la misma narración de la multiplicación de los panes; se nos narra en el evangelio de Lucas y se nos narra también en el evangelio de Juan, ¿Por qué? Porque en ese relato de la multiplicación de los panes, en la iglesia primitiva había un signo muy claro de cómo se nos alimenta permanentemente con el cuerpo y la sangre de Cristo.  

La Eucaristía juega un papel fundamental en la vida cristiana, nosotros vivimos en este mundo y mientras estamos en él estamos sometidos a nuestra debilidad, a nuestra fragilidad, a los problemas, a las dificultades, a los dolores, al sufrimiento.  Nuestra vida es una vida amenazada, podríamos decir, permanentemente por los acontecimientos, si no somos fuertes si no tenemos en nuestra vida toda la luz y la fuerza que necesitamos para enfrentar todas las necesidades, todas las angustias, todos los problemas, todo lo que nos acontece día a día, sucumbimos.  Es por eso que la mayoría de la gente vive amargada, vive triste, vive sin sentido; no sabe para dónde ir, se llena de sustitutos de la verdadera felicidad y acude a la droga al sexo desenfrenado a la búsqueda enloquecida de los bienes materiales, vidas vacías, huecas sin sentido. ¿Por qué? Porque no tienen en su corazón la luz y la fuerza que necesitan para vivir, esa luz y esa fuerza es la que nos da el señor, especialmente en la Eucaristía.  

La iglesia quiere que hoy tomemos conciencia de una manera muy especial del papel fundamental que tiene la Eucaristía en la vida del Cristiano, hay un precepto de la iglesia que nos dice hay que oír la misa todos los domingos y fiestas de guardar,  eso ha hecho que para mucha gente el asistir a la Eucaristía sea simplemente un precepto que hay que cumplir y muchos vienen porque todavía tienen adentro lo que se enseñaba, es decir que si no se va a la misa hay pecado mortal.   Muchos no disfrutan de la riqueza inmensa que tiene la Eucaristía para la vida cristiana debido a que la iglesia nos pide que acudamos los domingos a la Eucaristía, pues precisamente porque es el día en el cual de una manera especial tenemos que llenarnos de Dios, perdonen la expresión, tenemos que “tanquearnos” para que podamos vivir toda la semana la vida rutinaria de todos los días, no es fácil, tenemos que llenarnos de luz y de fuerza; el Señor nos da esa luz yesa fuerza de una manera especial en la eucaristía.  

Hay varios elementos que vale la pena tener en cuenta, en primer lugar, en la Eucaristía nosotros escuchamos de una manera especial la palabra de Dios, por lo tanto, en la Eucaristía nosotros podemos, de una manera especial, alimentarnos de esa palabra y por lo tanto acercarnos más profundamente al Señor.  Es en la Eucaristía donde celebramos el memorial de la muerte y de la resurrección de Cristo, nuestro Señor y nos alimentamos de su cuerpo y de su sangre. Recibimos esa unión profunda con el Señor al recibir la Eucaristía, celebrando su muerte y su resurrección nos transformamos en Cristo el Señor y nos unimos como comunidad.

Acudamos todos a la casa de Dios que es la casa de todos nosotros como iglesia, para reunirnos para reconocernos, para reconocer que somos una comunidad, que somos el pueblo de Dios, que somos el cuerpo de Cristo y por lo tanto que caminamos juntos a lo largo de la de su existencia. Este aspecto generalmente no se tiene en cuenta porque en nuestras ciudades la gente se vuelve un rostro anónimo, no tenemos ni idea quién está alrededor, al lado nuestro; no nos conocemos en la misa por eso a veces nos da lo mismo quienes están o quienes no están en la Eucaristía.

No tenemos que avanzar en la comprensión de que somos comunidad, de que somos iglesia, de que somos cuerpo de Cristo; San Pablo dice una cosa bellísima: “Todos los que se alimentan del cuerpo de Cristo forman un solo cuerpo que es la iglesia.”   Cuando acudimos todos a alimentarnos de la palabra del Señor, a llenarnos de la luz y de la fuerza que el Señor nos da con Su muerte y Su resurrección, dándonos el alimento de Su cuerpo y de Su sangre, nos unimos, ratificamos los vínculos que nos unen los unos a los otros y ratificamos nuestro ser iglesia,  nuestro ser católicos, somos cristianos discípulos del Señor, católicos, miembros de la iglesia.  Acudamos cada domingo con alegría, con gozo a la Eucaristía, no nos perdamos la Eucaristía del domingo porque nos hace falta para nuestra vida Cristiana.   

Aprovechemos el regalo que Él de una manera especial nos da. La Bendición de Dios todo poderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre- Amén

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