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Anatomía de una entrevista

por Carlos L. Rodriguez Zía

No vamos a hablar de aquí de Anatomía de un crimen, la película protagonizada por James Stewart.  Sino que lo que aquí compartimos es una entrevista que se ha convertido en un artículo redactado por el entrevistado y no por el entrevistador. ¿Se entiende? Lo explicamos a continuación.

Hay una expresión popular que dice que el hombre propone y Dios dispone. Pues bien, lo que me había propuesto era escribir una entrevista al  sacerdote Hugo Dávila. Así que por WhatsApp le envíe una serie de preguntas, a la espera de recibir sus respuestas. Pero, sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas, el sacerdote que vive y trabaja en El Salvador tuvo la creativa y feliz idea de responder con un artículo, apartándose de la secuencia típica de una entrevista: la pregunta seguida de la respuesta. Secuencia en la que le preguntábamos por la aplicación que ha desarrollado (linkBFF) para difundir la palabra de Dios, sobre su vida sacerdotal y otras cuestiones. La decisión del Padre Hugo Dávila ha sido acertada.

La entrevista que se convirtió en artículo

Por el Padre Hugo Dávila

Mi labor pastoral en su mayoría la he dedicado a jóvenes y adolescentes. En casi doce años de sacerdocio, quizás habré tenido más de diez mil entrevistas de dirección espiritual con chicos y chicas. Se aprende mucho de ellos. Unos les toma cariño, y quizás por eso, duele ver cuando se pierden. En los primeros años de mi sacerdocio, esto me ocasionó una crisis interior. ¿Cómo pueden los jóvenes despreciar a Dios? Fue haciendo un retiro espiritual donde descubrí que los jóvenes y adolescentes necesitan sobre todo amor. Todos necesitamos amor, pero en especial el amor que viene de Dios. Al final, los sacerdotes no somos más que altavoces de ese Amor.

Ahora bien, la pregunta era cómo hacer cercano a Dios los jóvenes. La sociedad en la que crecen les ha hecho olvidar a qué sabe Dios. Incluso chicos de condición social desfavorecida crecen creyendo que eso poco que tienen basta para llevar una vida feliz. He leído numerosos libros y conferencias que tratan sobre el tema. Entre otras, saqué una conclusión: hay que hablarles en su idioma. Luego vino todo lo del Sínodo de los jóvenes, y, con alegría, puedo decir que me reforcé en mis intuiciones.

» Al final, los sacerdotes no somos más que altavoces del amor de Diosr.»

Buscando, me encontré con que ya alguien había pensado en eso de enseñarles a hablar con Dios en su idioma. Son varios los libros de espiritualidad que lo hacen: el autor se pone en el lugar de un chico o un joven y transcribe su diálogo con Jesús; o tiene buen pluma, y sabe ir al grano en las cuestiones que importan a los chicos. Uno de los libros que más me encantó fue el 3+2, ideado por el sacerdote español Juan Jolín. Su nombre viene del uso que se le hace. El libro contiene un texto que se lee en tres minutos y luego se dedican dos a la meditación. El autor del 3+2 seguía el método de la “letio divina” que tanto bien ha hecho a generaciones y generaciones de creyentes.

La publicación del 3+2 era periódica, pues va con el evangelio del día, y requería de un esfuerzo no pequeño para tener los libritos puntualmente a inicios del mes.

Hablar el idioma de los jóvenes también es entender que en un mundo audiovisual la belleza del testimonio debe ir acompañado de la belleza de la materialidad con que se comparte ese testimonio. Requiere más esfuerzo, más tiempo, pero refleja el amor con que se han cuidado los detalles pequeños. El mismo Nuestro Señor nos dejó los canales de su gracia a través de signos sensibles: los sacramentos. La liturgia de la Iglesia es otra prueba de ello. No podía por tanto hacer un libro “feo”, pero el costo un libro “lindo” era alto. Aunque conseguí patrocinador, para llegar a muchos se requiere una red de distribución que ya salía de mis capacidades.

Algunos amigos, que conocen mi afición por la tecnología me dijeron que quizás lo mejor podía ser una app. Estudié Ingeniería electrónica varios años antes de ordenarme, y a la vez, siempre he sido creativo y con deseos de aprender cosas nuevas. Así que sumando esos factores comencé a investigar que requisitos debería tener una buena app para enganchar con los adolescentes y los jóvenes.

Me sirvieron mucho unos artículos de Gustavo Entrala, el hombre que llevó el vaticano a Twitter. En resumen viene a decir que la mayoría de las iniciativas en favor de la difusión de valores fracasa porque les falta profesionalidad a la hora de entrar al mundo real. En el mundo real, atrae lo que luce hermoso y bello. Es muy fácil, para uno de creyente, pensar que todos ven la realidad con nuestros mismos ojos. De ahí la recomendación del Papa Francisco: saber oír y saber llorar con las personas. A veces es difícil comprender porqué estar en forma para una adolescente pueda ser tan crucial; o que un joven prefiera emborracharse con sus amigos semanalmente que asistir a la misa dominical con constancia. Eh ahí todo un reto para los comunicadores de la fe.

Volver a la App

Volviendo a la aplicación. La primera versión vio la luz a mediados del 2018. Era un gran desafío: por una parte, crear algo “deseable, atractivo” para el adolescente; y por otro, algo funcional. No me fue muy bien. Los colores eran muy infantiles y la interfase muy difícil de entender. Seguí investigando: focus group, artículos de marketing, diseño gráfico, etc. A inicios del 2019 lancé una segunda versión. Era casi igual a la primera pero un poco más minimalista. A los pequeños les gustaba, pero a los adolescentes no.

No es fácil usar las reglas del marketing cuando lo que quieres es dar a conocer es el amor de Dios. El encuentro con el amor de Cristo sigue siendo un encuentro personal; no algo para descargar o de poner y quitar. Un día, un poco desilusionado, en mi conversación con Jesús, le dije que quizá dejaría el proyecto de la aplicación. No me sentía preparado para seguir investigando y explorando posibilidades. No sé como se me ocurrió ver qué decía mi propia app para ese día. Hablaba de decidirse sin titubeos. Me quedé helado. Era la respuesta a mi pregunta, y escrita por mí mismo hacía cinco o seis años. Así que lleno de ilusión, volví a la carga. ¡Cuántas personas van a hacerse amigos de Jesús, gracias a la app!, pensé.

Hoy la aplicación, a Dios gracias, ha tenido bastante aceptación. Claro, si se compara con un videojuego, los números de descarga dan risa. Pero una aplicación que ya lleva casi cuatro mil descargas, y que sirve para rezar, no está mal.

Esta vez, el tema del diseño está mejor cuidado. Pensé en que muchos santos, empezando por el mismo San Pablo, comparan la vida de seguimiento de Cristo como una carrera. De modo que la aplicación sigue algunas pautas en su diseño similar al de las aplicaciones deportivas.

También procuré cuidar que visualmente fuera atractiva. Muchos jóvenes se quejan de que las cosas de la Iglesia les parecen viejas y aburridas. Mi opinión, es que tenemos un gran desafío en cuanto a estética. Eso requiere saber escuchar. Si no escuchas el mundo, no sabes leer sus tendencias, también en cuanto a imagen gráfica, etc. Con mi aplicación quiero dar un pequeño aporte en este sentido. No quiero decir con ello que piense que es el no va más, porque sé que hay muchos detalles por mejorar.

¿Por qué se llama linkBFF?

El nombre linkBFF salió como fruto de un intercambio de ideas con unos estudiantes universitarios. Responde al concepto de la aplicación: una herramienta para conectar con nuestro verdadero BFF (abreviación muy usada en la jerga de chats): conectar con nuestro Verdadero Mejor Amigo para siempre. Lo del “mejor amigo”, es un detalle que descubrí en mis conversaciones con jóvenes. Todos suelen tener un BFF. Es tan delicado el asunto que incluso, para no estropear la relación, no suelen casarse o salir de novios con el BFF. El BFF es una figura que va a estar allí siempre para mí, que no me va a juzgar, y que me quiere como soy. Esta figura se hace especialmente fuerte en el caso de aquellos chicos o chicas que viven en hogares disfuncionales o padecen algún tipo de discriminación. La aplicación busca mostrar a Jesús como ese BFF que todos deberíamos tener.

El corazón de la aplicación son los textos. Dentro de poco, tenemos pensado incluir otro tipo de texto que responda a la demanda de respuestas que los jóvenes tienen para sus situaciones ordinarias. Se trata de que no sea “tío” Google el que de la respuesta consoladora; sino Jesús a través de su palabra.

La aplicación incluye otras funciones, como una zona de control de “plan de vida”. Uno lo fija a modo de reto, y se califica no por nota sino por calidad o sentimiento de cada encuentro con Dios. Está también la zona de audios. De momento incluye enlaces a dos canales de podcast de audios. En el futuro, se incluirá aquí enlaces a más textos leídos por profesionales. La parte menos trabajada, pero no por eso menos importante es la de la dirección espiritual. La aplicación no será quien lleve la guía espiritual, sino da las herramientas para encontrar un buen director y preparar una buena conversación.

Más allá de la App

Actualmente trabajo de capellán en el Colegio Citalá, una obra social que procura buena educación a jóvenes de escasos recursos económicos. Ellos me han ayudado a entender algunos aspectos a tomar en cuenta al crear la aplicación. Por ejemplo, en mi país hay más dispositivos móviles que habitantes; pero la mayoría no son de alta gama. De modo que la aplicación debía caber y correr en los teléfonos sencillos que los chicos de condición media y baja suelen tener.

PARA ACCEDER A LA APP DEL PADRE HUGO DÁVILA CLICKEAR EN EL SIGUIENTE ENLACE.

https://appadvice.com/app/linkbff/1409941567

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