Fe, esperanza y servicio en Cuba: el testimonio del Padre Rogelio desde El Cobre
El Padre Rogelio Deán Puerta es el actual párroco del Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba, uno de los lugares más emblemáticos de la fe del pueblo cubano. Desde su llegada al poblado de El Cobre, siendo un joven sacerdote recién ordenado, asumió con profundo sentido pastoral la misión de acompañar espiritualmente a una comunidad marcada por la sencillez, la devoción a la Virgen y los desafíos sociales propios del país. Su ministerio se ha caracterizado por un fuerte impulso a la vida comunitaria y a la evangelización cercana a la realidad del pueblo.
A lo largo de estos años, el Padre Rogelio ha promovido iniciativas que han fortalecido la vida espiritual y social de la parroquia, como los retiros de Emaús y el desarrollo de múltiples proyectos de servicio a través de Cáritas. Bajo su guía, la comunidad de El Cobre ha crecido en participación, esperanza y compromiso cristiano, convirtiéndose en un espacio de encuentro, reconciliación y solidaridad. En esta entrevista, comparte su testimonio vocacional, la vivencia de la fe en Cuba y la misión de la Iglesia en medio de las dificultades del presente.
¿Cuándo llegó al poblado de El Cobre, ¿cómo encontró la comunidad en lo humano y en lo espiritual?
Llegué al poblado del Cobre hace ocho años aproximadamente, quizás un poco más. Llevaba apenas un año y algo de sacerdote, o sea, bien poco. Y me dan la misión de ser párroco del bendecido poblado El Cobre, la Tierra de la Virgen. Para mí fue un honor, algo muy grande y me lo tomé muy en serio y me sentí muy afortunado realmente. Tuve la suerte de ser precedido por sacerdotes muy buenos, de la talla del padre Mario, que tantos años estuvo, el padre Palma, tan querido, un excelente ser humano y del padre Gustavo, que fue mi predecesor, un hombre de mucho sentido pastoral. Tuve muy buenos sacerdotes que me precedieron en la misión en El Cobre. Cuando llegué al Cobre enseguida me puse a relacionarme, a trabajar. Sí sentía que me faltaban más matrimonios, que faltaban adultos. El padre Gustavo que me precedió venía de los salesianos y tenía un espíritu muy de los jóvenes, de los niños, de los adolescentes. Yo sentía que hacía falta insistir más en el tema de los adultos. Por eso fue que empezamos a potenciar en El Cobre la realidad de los retiros de Emaús, que es una realidad que ya había llevado a mi anterior parroquia y que empezó a extenderse. Empezamos a extenderlo por toda la diócesis de Santiago de Cuba con mucho éxito, empezaron a llegar muchos trabajadores, profesionales, matrimonios. Empezamos a trabajar por ahí.
El Cobre es un lugar de gente sencilla. A lo mejor por eso la Virgen quiso poner en este poblado su casa. Siempre, tradicionalmente, ha sido un lugar de gente muy humilde, muy familiar, muy simple. Sin embargo, con muchos carismas. O sea, aquí hay gente muy capaz y gente alegre que comparte con mucha espontaneidad, con mucha naturalidad, gente vinculada al tema religioso, a la madre, a la Virgen. Pero sí gente que necesita amor, que necesita atención, necesita ser tomada en cuenta. Es impresionante en este pueblo cuando tú das amor, das atención, la respuesta de la gente es increíble, es grande.

En medio de las dificultades que vive Cuba desde hace años, ¿cómo se transmite y se sostiene la fe en este contexto?
Yo creo que en medio de las dificultades que vive Cuba hoy, la fe es una oferta grande para la gente. Lo que pasa es que hace falta buenos métodos, buena metodología, hace falta insistir. La gente está muy cansada, muy agotada, tiene muchos problemas y uno como sacerdote y pastor no puede cansarse, hay que insistir. La gente tiene que enamorarse de Cristo y entonces uno tiene que buscar las vías para que esto suceda. Las personas cuando van entrando en la dimensión de la fe, a pesar de tantas carencias logran una fuerza increíble, logran salir de sí mismos, se crea un sentido de hermandad, del compartir, de ayudarse los unos a los otros, diríamos nosotros un sentido de Iglesia. Es una experiencia de cielo.
¿Cuál ha sido la necesidad más urgente que ha visto en la comunidad y cómo ha respondido la parroquia ante esa realidad?
Las necesidades en la comunidad son de todos tipos, necesidades materiales y espirituales. Con el equipo de Cáritas en la parroquia desde el inicio le hemos dado mucha vida. Primero tienes que formar al cristiano, que ese cristiano coja fuerza, solidez espiritual y entonces enseguida lanzarlo a servir de un modo organizado. Cáritas en la parroquia de El Cobre está muy organizada, atendemos de modo regular y sistemático a más de quinientas personas en catorce proyectos sociales. Nos interesa mucho el sostenimiento de Cáritas, formamos sistemáticamente a los agentes de Cáritas. La idea es poder llegar a más personas, hay mucha necesidad y queremos siempre ser capaces de llegar a más personas que sufren.
Su vocación
¿Cuándo nace su vocación sacerdotal? ¿Cómo fue ese momento en el que sintió que Dios le conquistaba el corazón?
Mi vocación nace precisamente por lo social. Desde pequeño, se lo debo a mis padres que son personas de una calidad humana tremenda, me he sentido muy solidario con el que sufre. Siempre he sido de prestar mucha atención a mi entorno, he sido de detalles, de gestos. Yo sentía que como joven tenía mucho amor, experimentaba mucho amor que sentía que me iba llegando de Dios y quería darlo. Yo estaba estudiando Comercio Exterior, tenía una buena perspectiva profesional, pero no me pude resistir al llamado del Señor, y dije sí y me lancé en esta divina aventura.
¿Por qué decidió convertirse en sacerdote y qué busca vivir y transmitir hoy en su ministerio?
En mi ministerio de hoy busco potenciar métodos, formas, caminos para que la gente se acerque más a Cristo, se acerque a la fe. Y también busco en todo momento potenciar un espíritu de familia. La Iglesia tiene que ser una familia. La Iglesia no es una estructura,no es una escuela, es todo eso, pero después de ser en primer lugar una familia. Entonces, busco que la Iglesia, la parroquia sea eso, una familia.

Usted ha mencionado en otras ocasiones el papel de sus padres en su proceso vocacional. ¿Cómo vivió ese acompañamiento familiar y qué significó para usted que no se opusieran a su camino?
Mis padres no son personas de convicciones religiosas. Yo digo que al final ellos creen a su manera, pero no son personas propiamente de fe religiosa, pero sí con unos valores humanos impresionantes. Ellos siempre respetaron mi caminar, incluso me apoyaron en ese camino, me defendieron en ese caminar delante de obstáculos. El apoyo de mis padres ha sido siempre incondicional y eso para mí ha sido muy importante.
La fe en Cuba y el Santuario
¿Cómo describiría hoy la vivencia de la fe en Cuba?
La vivencia de la fe en Cuba, va creciendo. La gente va descubriendo sus límites, va descubriendo que no puede sola, que necesita de Dios y se van acercando a la Iglesia. No tanto como uno quisiera, porque uno quisiera que fuera más masivo, pero poco a poco vemos cómo la gente se va acercando y va dando vía a la fe. Qué bueno es que la gente se descubra necesitada de Dios, eso es importante. Decimos en buen cubano: nunca es tarde si la dicha es buena. Entonces, nosotros como Iglesia tenemos que saber acoger a esas personas que vienen con mucho dolor, con mucha incertidumbre en su corazón, buscando en la fe un consuelo, una respuesta.
¿ Como párroco del Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, ¿qué representa este Santuario para el pueblo cubano y para la Iglesia universal?
El santuario es la casa de nuestra Madre María y tiene que ser un lugar de mucha paz, mucha neutralidad, porque es la madre de todos, del que piensa de una manera, del que piensa de la otra, del que vive aquí, del que vive allá, en fin. Nuestra madre quiere tener a todos sus hijos bajo su amoroso manto. Hemos procurado que el santuario sea un lugar de paz, de encuentro, de perdón, de reconciliación, y también de milagros. Hemos visto tantos pequeños milagros. Nos gusta mucho que la gente venga en familia al santuario.
A veces viene gente de muy lejos haciendo un esfuerzo increíble para llegar. Nosotros sentimos que pisamos tierra muy sagrada porque podemos decir con toda confianza que es el altar mayor de la Iglesia en Cuba. Tenemos que decirlo así. Por eso hemos procurado formar agentes de pastoral que atiendan a los peregrinos. Nosotros no tenemos cuidadores de museos, hemos estado formando muy seriamente agentes de pastoral que puedan guiar, orientar, atender, consolar a tantos peregrinos que llegan, que últimamente se han visto disminuidos por la situación del combustible y del transporte.
¿Qué lo motivó a implementar los retiros de Emaús en la comunidad y qué frutos ha visto?
Yo creo que la Iglesia tiene que estar metida en la sociedad. Nosotros en Cuba no tenemos ni escuelas católicas ni hospitales católicos, no tenemos instituciones extra parroquiales. Hay muchas personas que quedan fuera del ámbito de la evangelización de la parroquia. Entonces tenemos que acercarnos a esas personas. Emaús es para un flechazo fuerte al corazón de las personas que no conocen, que están lejos, que están frías, que nadie les ha tocado la puerta. Nos han llegado por medio de Emaús tantas personas, trabajadores inmersos en la sociedad. Cuando logramos que se acerquen por Emaús a la Iglesia, ellos llevan la fe a sus centros de trabajo, centros de estudio, a sus barrios. Y eso es lo que queremos, que la sociedad se inunde del mensaje cristiano. Emaús también refuerza el sentido de familia de la Iglesia, de hermandad, de compartir, de tolerancia, de perdón, de reconciliación, de servir. Todo eso es Emaús y por eso decimos que ha funcionado en tantas parroquias de Cuba. Emaús en El Cobre es la columna central de la comunidad, con Emaús defendemos la esperanza, defendemos la alegría. No nos dejamos enterrar en vida.
¿Cómo ha crecido la comunidad parroquial en los últimos años?
La comunidad parroquial ha crecido mucho porque se genera un espíritu de familia, de amor, de compartir, sencillo y libre. A la gente le gusta ese fenómeno y se suma. Aquí en El Cobre tenemos uno de los catecumenados de adultos más grande del país, todos los años un promedio de ciento cincuenta adultos que a través de Emaús quieren acercarse a la fe, quieren formarse, quieren recibir los sacramentos. Esto es un orgullo para nosotros. Todos los jueves tenemos una hora santa de ocho a nueve en el santuario y se repleta de cobreros, nuestras misas dominicales también se llenan de gente del Cobre. La comunidad ha crecido mucho y también buscamos no solamente que crezca, sino también que se consolide, que se forme, para que pueda dar razones de su fe, pero tiene que ser una formación enlazada con la vida. No puede ser la vida por un lado, la formación por el otro. La formación en la Iglesia hoy tiene que ser desde la vida, tiene que tener una praxis.
Iglesia que acompaña
¿Qué papel ha desempeñado la parroquia en la vida social y comunitaria del poblado de El Cobre?
La Iglesia católica en el poblado de El Cobre ha tenido un impacto muy grande. Nosotros nos hemos vinculado por medio de Emaús a los diferentes sectores, tenemos un movimiento de educadores que son los maestros de las escuelas aquí en El Cobre. Tenemos un movimiento de trabajadores de la cultura, también de la salud porque tenemos cerca un hospital clínico quirúrgico general y tenemos trabajadores ahí, especialistas y profesionales de la salud. Nosotros nos hemos acercado a ellos y ellos también han sido capaces de aceptar esa amistad, porque ciertamente la evangelización tiene como principio una amistad, un tender un puente. Hemos hecho muchas cosas en común. Nosotros en El Cobre, como iglesia somos respetados, nunca se han dado situaciones difíciles que no hayamos sido capaces de resolver por medio del diálogo. Creo que a nivel de la localidad es importante la capacidad de escucharnos. También se nos respeta mucho por el servicio en el pueblo a los más necesitados. La gente valora mucho cómo nosotros hacemos de nuestra vida de fe una praxis, mostrando con obras lo que decimos profesar desde la fe.
Ayudamos a todo el mundo. Eso también a la gente le llama mucho la atención, porque hay otras iglesias cristianas que ayudan solamente a los suyos. Nosotros ayudamos a todo el mundo, al que piensa de una forma u otra, incluso ayudamos gente que va a otras iglesias. Nosotros no estamos para nuestro pequeño grupo de católicos, sino que estamos para el servicio de todo el pueblo, eso es muy valorado. No andamos por ahí con una labor proselitista condicionando nuestra ayuda. Nosotros ayudamos a todas las personas necesitadas de buena voluntad. Ofrecemos una amistad. Si además, quieres participar de nuestra vida de fe en la Iglesia, nosotros te acogemos, te estimulamos, te enseñamos, pero somos la Iglesia de todos, porque Cristo vino para todos.

Ante situaciones difíciles como el paso reciente de huracanes u otras crisis, ¿cómo han enfrentado estos momentos y cómo se mantiene viva la esperanza?
El paso del huracán fue un momento muy duro porque pasó en momentos que ya estábamos con muchas necesidades, con muchas dificultades y de repente nos vimos muy devastados. El huracán afectó muy severamente a El Cobre. Nosotros enseguida tratamos de darle una visión sobrenatural a lo que nos tocó en el sentido de decir: bueno, esto es un tiempo también de gracia, de oportunidad para unirnos más, para servirnos más, y la comunidad reaccionó de un modo increíble. Enseguida empezamos a nuclear voluntarios en la comunidad para dar comida. El mismo día que pasó el huracán, ya estábamos dando diariamente más de mil platos de comida. Y así estuvimos durante un mes, empezamos a arreglar techos y a ayudar a la gente. Eso nos hacía más fuertes todavía. Empezamos diariamente con la santa misa y nos íbamos a servir, a ayudar a los demás. Era muy conmovedor, porque veíamos a gente que lo había perdido todo en la dinámica de servicio a los demás. Y yo creo que ha sido un momento para crecer en coherencia y en santidad. Hicimos una canción y un video muy lindo y lo llamamos así: Tiempo de gracia, porque fue un momento de mucho dolor, pero también un momento de gracia, donde hemos crecido.
¿Qué proyectos o iniciativas han impulsado para mejorar la calidad de vida de los habitantes del poblado?
Tenemos muchos proyectos. Tenemos más de catorce proyectos sociales y tratamos de abarcar todos los sectores vulnerables. Nosotros atendemos a los niños enfermos crónicos y sus familias, niños con síndromes de Down, familias disfuncionales, niños huérfanos o con padres que están presos, atendemos los ancianos, los encamados que están postrados en su casa, los discapacitados físico motores, los débiles visuales, atendemos también los hijos de los vendedores de artesanías. Le damos una atención priorizada también a nuestros trabajadores. Tenemos muchos proyectos muy lindos y siempre tratamos de buscar financiamiento para estos proyectos, gente que sintonice con esta misión. Visitamos el hospital, atendemos a los pacientes, a los trabajadores de la salud. Nosotros tenemos más de cincuenta agentes de Cáritas y mensualmente se reúnen en comisiones para chequear, además tenemos un departamento económico que va controlando cada donación para que cada cosa que llegue a nuestras manos llegue a los más necesitados.
Si tuviera que describir hoy a su comunidad en una frase, ¿cómo la definiría?
Mi comunidad en una frase yo pondría: valiente en el amor y la esperanza. Esa es mi comunidad hoy. Porque realmente delante de lo que estamos viviendo hace falta mucha valentía para pararse, no para construir un castillo de palabras. A veces es muy fácil construir un castillo de palabras y de frases bonitas. La comunidad mía es una comunidad valiente porque hace falta valor para amar y para amar de un modo concreto. Y es valiente también en el tener esperanza, yo siento que la comunidad está muy afianzada en Cristo. Y cuando una persona no se deja morir y se levanta y sueña y viene con iniciativas y quiere tener más proyectos de ayuda, te habla de que son personas que tienen esperanza.
¿Qué mensaje le gustaría transmitir al mundo sobre el pueblo de El Cobre?
Lo que siempre decimos, que nuestra madre la Santísima Virgen María, es grande y que es un modelo válido de amor, de servicio, de misericordia, de amor, de reconciliación. María quiere a sus hijos unidos, no los quiere enfrentados. En El Cobre hemos aprendido a querernos, a perdonarnos, porque la madre goza, es feliz viendo a sus hijos amándose. Ya el mundo tiene demasiados conflictos, en nuestro país hay también muchos conflictos. Es importante el amor, es importante querernos, ayudarnos. Y mientras lleguen condiciones mejores, en el día de hoy tenemos que querernos. El amparo de la madre es lo que intentamos vivir.

Ping Pong Final
El sacramento que más disfruta celebrar:
El sacramento de la reconciliación. Me encanta confesar. Estoy siempre muy disponible para la confesión. Lo hago de modo especial los jueves durante la hora santa. La gente delante de Jesús Sacramentado se siente llamada a la confesión y me gusta mucho cómo Dios canaliza su perdón, cómo la gente se descubre necesitada de perdonarse y de perdonar a los demás.
Su parte favorita de la Biblia:
El hijo pródigo. El padre que siempre está esperando el regreso del hijo y que es capaz de perdonar incondicionalmente a su hijo y darle oportunidad en su corazón, en su amor.
La oración que más le gusta rezar:
El Ave María. A veces en el rosario uno tiene la tentación de que se vuelva mecánico y hacerlo rápido y no pensar tanto en lo que uno dice. Yo trato de hacerlo despacito, el Ave María hacerlo despacio, es mi oración. Unida a esa, el Magníficat, lo rezo en la liturgia de vísperas en la tarde. Qué lindo es sentir como María que el Señor puede y quiere hacer grandes cosas por medio de nosotros.
Su santo o santa predilecto:
San Juan Bosco, definitivamente. Padre y maestro de la juventud. Fue la Iglesia en La Habana donde un día llegué y que conocí a don Bosco. Y después con el tiempo vino San Juan Pablo II. Estuve en su funeral con una bandera cubana enorme en Plaza San Pedro de jovencito. Le rezo mucho a ellos ciertamente. También hay grandes de la Iglesia que he querido mucho, como por ejemplo Chiara Lubich, la fundadora del movimiento de los Focolares, una gran mujer, y otros.
Tres consejos concretos para vivir y fortalecer la fe cada día:
La santa misa. A mí me gusta mucho cuando voy a algunos países de América Latina y la gente va bien temprano a misa y de ahí salen a trabajar, a estudiar. Ojalá en Cuba se diera más esta oportunidad, que la gente tuviera más costumbre de eso y se dieran las facilidades para que fuera así. Fortalecerse con la palabra y con el cuerpo de Cristo todos los días. Después también dedicar el tiempo a estar delante del Santísimo. Por eso acá en El Cobre tenemos todos los jueves esa hora santa que se llena. Estar delante de Jesús Eucaristía es la cosa más linda, el momento de esperanza, de ánimo. Y después asociarse a personas que también estén empeñados en hacer un camino de fe y amor, hablar con esas personas, ponerse desde la fe en comunión con otros. El cristianismo no es una espiritualidad individual, es una espiritualidad en comunión. Estamos llamados a santificarnos juntos. Y es importante ponerse en relación.
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