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Santos de nuestro mundo

por Editor mdc
Santos de este mundo

Unos días atrás, leyendo el artículo “Los Santos de la puerta de al lado”, publicado aquí en Misioneros Digitales Católicas, me vino a la memoria un breve libro que busqué para releer en este contexto de aislamiento social preventivo en el que estamos viviendo a raíz de la pandemia. El famoso coronavirus, alias Covid-19. 

El libro en cuestión es El Santo en nuestro mundo que cuenta con 25 página y fue escrito por Romano Guardini. En principio fue una conferencia dictada el 6 de enero de 1956, luego ampliada y redactada con mayor precisión en alemán y traducida al castellano por José María Valverde. En un pequeño prólogo, el autor nos pide a los lectores que consideremos las páginas como una investigación, que siempre requerirán mayor examen y análisis.

Algunas ideas presentadas por Romano Guardini

¿Qué es un Santo?  Podemos buscar la respuesta ya en el Antiguo Testamento, «Y tú amarás a Yahvé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.» (Dt 6. 5) que luego Cristo confirmó de nuevo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente» (; Mt 22,37). Entonces, podemos decir que “un santo es una persona a quien Dios ha concedido tomar este mandato con total seriedad, comprenderlo en sus profundidades y ponerlo todo en su cumplimiento.”

Claro que en la historia de la humanidad el concepto de santo fue cambiando ya que  la Iglesia ha ido escuchando los signos de los tiempos.  En un momento se entendió como “la persona que realizaba de un modo extraordinario el mandamiento mayor… Fueron personas de distintos estratos sociales, mujeres, hombres, jóvenes, niños, que tienen en común algo esencial: “la exigencia del amor de Dios los saca de lo cotidiano y los impulsa a realizar algo extraordinario.”

Entonces vienen a nuestra mente mártires como san Esteban, personas con entrega total, como san Francisco y santa Clara”, o quienes el amor al prójimo fue central en su servicio a los pobres y los enfermos como san Vicente de Paul, otros quienes estudiaron la grandeza de la verdad de Dios como san Anselmo de Canterbury, o santo Tomás de Aquino, misioneros como san Bonifacio en Alemania, san Francisco Javier en la India… “Y así sucesivamente, en la inagotable multiplicidad de las gracias y las vocaciones.”

Más adelante con este concepto del santo extraordinarioi, comenzó a convivir la concepción del santo de lo cotidiano, es decir hacer lo que en cada ocasión se necesite. Pero lo que realmente exija, sin egoísmo o conveniencia personal, sin predilección o gusto personal. “Es decir, como si la situación misma hablara, diciendo: «Esto es necesario: que ayudes a éste, que hagas este trabajo, que ejercites la paciencia en este sufrimiento…» Hacerlo, limpia y correctamente, sin enderezarlo según deseos personales, o debilitarlo, o falsearlo; esto es lo que lleva a la santidad.”

De sencillo nada

Esto que en teoría parece sencillo, en realidad no lo es, porque la mayoría de las personas tenemos “mudo el corazón y lo cotidiano lo tapa todo con su estrépito.” ¿Cómo saber en medio del ruido del mundo qué es el amor? Guardini responde: “hacer lo que ahora es justo, porque ello cumple la voluntad de Dios. Y hacerlo, como quiere ser cumplido el amor, con pureza y de buena gana.”  Eso implica, claro, superar las debilidades, hacer renuncias que nos cuestan, buscar cada vez “la pureza de la intención y la intensidad del espíritu con que el cristiano reconoce la voluntad de Dios presente en las cosas, y las cumple.”

De ahí que, a cada momento, las acciones no son ruidosas, ni extraordinarias, ni producen grandes sensaciones. Son en realidad, silenciosas y suaves, pero que así y todo lo transforman todo. No obstante, sólo pueden brotar del corazón y el espíritu de aquel que se ponga a la disposición de Dios. “Esta sería la tarea del santo, al lado de los demás, que nos enseñe qué aspecto tiene hoy el amor.”

Quizá alguien pasa al lado y no nota nada de particular… “Pero si su espíritu está alerta, quizá notará una silenciosa libertad, una tranquila seguridad, una alegría, a pesar de todas las preocupaciones y dificultades…”

Santos podemos ser todos

Entonces, volviendo a la reflexión de “Los santos de la puerta de al lado”, un santo puede ser un médico, una enfermera, un camillero, una persona que hace la limpieza, un repositor o una cajera en el supermercado, un policía, un bombero. También santo o santa puedes ser tú, que haces el desayuno con amor para tu familia: tú, que estás solo o sola y vives este tiempo con fortaleza. Tú que haces un llamado a alguien que piensas que le hace falta. Tú, que ayudas a tus hijos con la tarea escolar. Tú, maestra o maestro que estás horas buscando cómo motivar y acompañar a tus alumnos a la distancia. Tú, abuela o abuelo, que rezas por tus hijos y nietos y extrañas sus abrazos, pero lo vives con alegría en el corazón. Tú, que haces lo necesario en cada situación, por pequeña que te parezca, y lo haces con pureza y alegría de corazón, reconociendo la voluntad de Dios presente en las cosas.

Ya nos lo dijo el Papa Benedicto XVI, (13-IV-2011): «No tengamos miedo de mirar hacia lo alto, …, no tengamos miedo de que Dios nos pida demasiado, sino dejémonos guiar por su Palabra en todas las acciones cotidianas, aunque nos sintamos pobres, inadecuados, pecadores: Él será quien nos transforme según su amor».

Autor: A.J.

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