Evangelio según san Juan 19, 25-27
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo».
Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.
Los dolores
1) Junto a la cruz: Todos, vos y yo, tenemos cruces. Aquellas cruces que nos golpean y duelen, que nos afectan y nos movilizan por dentro. María las tuvo y le dolió ver a su Hijo allí, pero no se apartó, no rechazó la cruz. La asumió y abrazó, la lloró. () La misma esperanza la tuvo en pie. Hoy también te invito a que la esperanza te mantenga en pie. Pero no bajes los brazos, acepta la cruz, asumila, mírala y llévala. Si no aceptas lo que pasa y traspasa tu vida, entonces no vas a poder resucitar.
2) Cerca el discípulo: Sabes que como Iglesia nunca estamos solos. Esto nos lleva a ver que en los momentos duros, estamos juntos, debemos estar juntos. La Iglesia hoy debe trabajar, estar juntos, cercanamente a aquellos que más sufren y llevan la cruz. Esta tarea es tuya y mía. No bajemos los brazos y ayuda al otro que necesita ser sostenido. Cuando hablo de Iglesia no hablo de instituciones, sino de vos y de mí, porque vos y yo somos Iglesia.
3) La toma en su casa: Es saber que mi vida también implica asumir al otro, no considerarlo un ajeno o extraño. Quien está sufriendo y necesita de mí, debe saber que yo lo acompaño o la acompaño. Es saber que estoy y asumo en su totalidad a quien sufre. Mi vida es parte de la vida del otro y juntos construimos de la Iglesia un hogar.
Hoy pensá si en tu vida asumiste la vida de quien está a la par tuya, de quien Dios te encomendó. Hacete cargo de aquellos a quienes Dios te pone a la par y camina junto a la cruz del otro con la esperanza que habita en vos. Hasta el cielo no paramos.
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