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Dios llama a quien quiere, cuando quiere y como quiere

por Pbro. Carlos Padilla E.
Eucaristía

 Y no elige precisamente a los sabios o a los más capaces. Eso me desconcierta. Así lo dice S. Pablo: «Lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor». (www.leankitchenco.com)

Me cuesta ver las cosas así. Yo creo que debería elegir a los más capaces, a los brillantes, a los que saben hacer bien las cosas. Siempre me impresiona la sabiduría humana y me atraen las personas cultas que saben de muchas cosas y resuelven problemas. Aquellas con las que es fácil hablar de temas muy diferentes e interesantes. Me gustan los que saben salir de cualquier dificultad que se les plantea y tienen respuesta en las circunstancias más adversas. Pero Dios elige lo necio, no lo sabio a los ojos del mundo. Elige al ignorante para desconcertar al que sabe. Porque es el poder de Dios el que se ve. Y así la sabiduría humana no entorpece la obra de la cruz del Señor. Comenta Khalil Gibran: «No me interesa saber dónde vives, ni cuánto dinero tienes. Quiero saber si te puedes parar después de una noche de pena y desesperación, débil y moreteado hasta los huesos, y no obstante hacer lo que debes y necesitas hacer y seguir adelante. No me interesa saber quién eres, ni porqué estás aquí. Quiero saber si te puedes parar en el centro del fuego conmigo sin encogerte. No me interesa dónde, qué, o con quién has estudiado». A Dios no le interesan mis títulos, mis éxitos, mis logros académicos. No le interesa que tenga muchos postgrados. Quiere, eso sí, que sepa levantarme después de una caída, que esté dispuesto a luchar en los momentos de más debilidad, que no me aleje cuando pruebe el dolor de la derrota, que no deje de confiar cuando me hayan fallado, que no deje de amar cuando me odien. Quiere corazones nobles que no tengan todas las respuestas pero sepan amar. Porque al final sólo el amor cambia el mundo. Decía S. Francisco de Sales: «La mejor manera de predicar contar los herejes es el amor, aún sin decir una sola palabra de refutación contra sus doctrinas». Sin necesidad de refutar nada logro que el mundo cambie si lo hago desde el amor. Si dejo que el poder de Dios actúe en mi misericordia. Predicar desde el amor. Por eso Jesús llamó a unos pescadores. O por eso María eligió a Juan Diego en Guadalupe. Para confundir a los sabios, para hacer que la sabiduría humana fuera algo secundario. Claro que aporta que yo sepa hacer cosas, es un regalo que pueda entregar mis conocimientos. Pero eso no es lo importante. Justamente en mi necedad actúa Dios con su poder, con su gracia. En mi oscuridad en el entendimiento se manifiesta la luz de Dios. Quiere confundir Dios a los sabios como hizo cuando se hizo carne y comenzó su predicación. Jesús venía de Nazaret, no tenía la formación propia de los maestros y se convirtió en Maestro. Porque enseñaba con una autoridad más poderosa que venía de lo alto, del cielo. Su mensaje era revolucionario y confundía a los más sabios. Esa forma de predicar estaba acompañada de una fuerza sobrenatural y una coherencia de vida. La predicación deja de ser relevante cuando no soy consecuente en mis actos. Por mucho que hable de la misericordia y del amor, si no lo vivo en mi vida cotidiana, si no soy un testimonio de ese amor en el mundo, mis palabras estarán vacías y no sembrarán vida. Son mis actos de amor, mi forma de darme lo que convierte el corazón de los hombres. Es en mi humildad donde se manifiesta la sabiduría de Dios en mí. Solo no puedo, pero Dios me llama para ir en su Palabra a anunciar la verdad del evangelio, la buena noticia. Me gusta pensar que lo que a Dios le gusta de mí es mi apertura para dejarme educar y mi disponibilidad para dejarme enviar allí donde me mande. Lo demás importa menos. 


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1 comentario

cesar ruben sanabria February 1, 2023 - 1:59 pm

Acepto la voluntad de Dios, que se cumpla en mi. Le doy gracias y muchas bendiciones, para que cada cosa que haga en mi vida sea agradable a El y sea todo para en el nombre de su gloria. Amén

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