El mandamiento más importante es el que habla del amor - Misioneros Digitales Católicos MDC
Portada » El mandamiento más importante es el que habla del amor

El mandamiento más importante es el que habla del amor

por Pbro. Carlos Padilla E.
Amor

 Necesito recordar ese amor que me salva, esa intimidad con Dios que me construye por dentro.

. Sin esa alianza con Dios no valgo nada. Ese amor tan grande de Dios por mí me sostiene, me levante. A cambio yo le entrego ese amor mezquino, el mío, que no logra corresponder sino de manera pobre a todo lo que recibe. Cuando me sé amado puedo amar. Cuando he sanado mis heridas y estoy en paz conmigo mismo puedo darme. Sé que mi amor a mis hermanos nace del amor a Dios: «El segundo es semejante a él: – Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Ese amor a mi prójimo es semejante al amor a mí mismo. ¿Cuál es la medida del amor? ¿Hasta cuándo puedo seguir amando? ¿Es justo cuando no recibo tanto amor como el que doy? No quiero vivir comparando el amor que me dan con el que entrego. Así no funciona. Cuando vivo en esa comparativa no soy feliz. Puede que no me amen tanto como yo amo. Por eso la medida del amor no es la medida del amor que recibo. Cuando lo hago así sucede que mi amor cada vez es más pequeño. No siempre mi amor despierta el amor en mi prójimo. Puedo recibir indiferencia, incluso desprecio. Jesús pasó haciendo el bien y amando hasta el extremo. Su amor fue mucho y mucho también fue el odio que recibió. A cambio de su amor lo mataron. No fue suficiente todo lo que me amó para salvar su vida. Su amor excesivo se quebró en el corazón herido de los hombres. Siento en ocasiones que doy demasiado. Y veo que mi alma está seca, que no me aman tanto como a mí me gustaría. ¿Cuál debe ser la medida del amor? Hoy Jesús me lo dice. Tengo que amar a los demás como a mí mismo. ¿Cuánto me amo? Hoy conozco a muchas personas que no se aman. Se aman mal, se desprecian, no se quieren. Conozco a muchos que mendigan amor porque están heridos. Y no son capaces de recibir ese amor. Odian en lugar de amar. No se aman a sí mismos. Se aman de forma enferma y así no es posible amar bien a los demás. Necesito poseerme, quererme, aceptarme, comprenderme. Cuando me quiero bien la medida de mi amor va a ser inmensa. En ese momento de paz ya no mendigo amor. Estoy feliz con mi vida como es. No me importa si no recibo tanto amor como yo entrego. Bajo las expectativas y no vivo esperando lo que los demás no pueden darme. Seré más feliz cuando comprenda cómo es el juego del amor. Cuanto más amor entregue seré más feliz. Pero no porque los demás me vayan a dar todavía más a cambio. Sino porque seré feliz en el hecho de amar los otros. Porque me amo a mí mismo, porque quiero mi fragilidad, porque entiendo que en la vida es importante darlo todo sin esperar recibir recompensas. Entonces aparece un concepto que me cuesta entender. Se trata de la gratuidad. Mi amor quiere ser gratuito. Te amo por lo que eres, no por lo que me das, no porque te has portado bien conmigo. Te amo sin esperar nada. No te sientas en deuda conmigo. No necesitas pagarme por el amor recibido con la misma moneda. Mi amor nace del amor de Dios, eso lo hace todo más fácil. Hoy Jesús responde con claridad a la pregunta que le hacen: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?». Si esa pregunta me la hicieran hoy, ¿respondería lo mismo? Sin duda el amor es el gran examen que me harán al acabar mis días en la tierra. ¿A quién he amado? ¿Cómo ha sido mi amor a Dios? A veces pienso que amar a Dios consiste en cumplir muchas normas. No es eso. El verdadero fin de la religión es lograr que mi vida completa gire en torno a Dios, no por obligación, sino por necesidad. Es conseguir que mi amor a los demás sea misericordioso y regale alegría a tantos que no se sienten amados en este mundo. El mandamiento más importante es el del amor. Y yo vivo obsesionado con el cumplimiento, con salvar los mínimos con estar a la altura de lo que otros esperan. El amor comienza cuando me siento amado como soy. Entonces me amo como soy, sin querer ser distinto, ni estar en un lugar distinto o haciendo cosas diferentes. Amo mi vida como es y eso me da paz. No quiero estar en otra parte. Estoy feliz aquí y miro con alegría todo lo que hago. No espero recompensa por mi fidelidad. Sólo quiero amar a los demás con mi vida, dándoles mi tiempo, entregándoles lo que he recibido gratis. La gratitud es el sentimiento que alimenta el amor. Lo contrario es el rencor, la queja, la amargura. El que se queja y se amarga no puede amar. En lugar de amor brota de su alma el odio. El que está feliz con su vida acepta todo con alegría, no se turba, no se enoja y vive regalando paz a aquellos a los que ama.


Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC

Subscribe to get the latest posts sent to your email.

Artículos relacionados

1 comentario

Nestor Oscar Aversa October 30, 2023 - 10:10 am

Excelente. Invia a una linda y sana reflexión

Reply

Deja un comentario

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumimos que está de acuerdo con esto, pero puede optar por no aceptarlas si lo desea. Acceptar Leer más

Privacidad & Políticas de Cookies

Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading