Evangelio según san Marcos 3, 7-12
Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea.
Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón.
Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara.
Porque, como curaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo.
Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: “¡Tú eres el Hijo de Dios!”.
Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto.
La multitud busca a Jesús, vos y yo no tenemos que cansarnos de buscarlo
La búsqueda de Jesús exige algunos puntos:
1) Conocimiento: Es meterte en vos mismo y saber quién es Jesús. Uno no puede buscar lo que no sabe. Por lo menos tiene que preguntar cómo es. Me tengo que interesar y buscar la manera de saber algo sobre lo que implica la figura de Jesús. Ese conocimiento es la introspección. Meterte en vos mismo y buscarlo en tu interior. Sacar las manchas que uno va teniendo en el corazón en el día a día. Uno le tiene miedo al meterse y al conocerse.
2) Humildad: Para preguntar y pedir ayuda. Saber que Dios está. Cuando estamos perdidos preguntemos cómo vamos. Para poder encontrarnos con Jesús.
3) Diálogo: Para presentarle tu vida a Jesús y que Él la transforme. Para que Jesús tenga la actitud de conocerte a través de tu palabra y que vos le contés lo que te pasa. Lo que tenés en tu interior. Háblale. La Eucaristía es la clave de todo ello. Busca al sagrario y déjate transformar. Algo bueno está por venir.
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