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A veces se me olvida lo valioso que soy.

por Pbro. Carlos Padilla E.
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A la luz de la fiesta del Bautismo de Jesús, el Padre Carlos E. Padilla reflexiona sobre el valor que cada uno de nosotros tenemos, fundamentalmente, a los ojos de Dios.

 Pienso que no tengo las aptitudes que otros tienen. Además no recibo toda la atención que deseo. No he logrado todos los objetivos que me propuse. Y no he llegado a las metas que estaban ante mí. Soy valioso, me repito mientras acaricio mis imperfecciones, mis cicatrices, mis debilidades. Soy valioso, en medio de la bruma de los años que pasan, de los fracasos que duelen dentro del alma. Soy valioso, aunque en las encuestas no me darían ese calificativo y destacarían sólo lo que no hago bien, lo que no he conseguido. Merecen la pena mi vida, todo lo que hago y sueño, todo lo que me propongo y tengo. Me siento muy pequeño en medio de las dificultades del camino. Como si todo fuera demasiado grande para mí, demasiado exigente. Soy valioso, me lo repito para no olvidarlo. Y no valgo por lo que hago, por los méritos que obtengo, por las calificaciones obtenidas, por las metas alcanzadas. No valgo más cuanto más hago, más escribo, más consigo, más digo, más aprovecho el tiempo, más frutos cosecho. No valgo porque los demás estén contentos conmigo, eso podrá cambiar en cualquier momento, no siempre agradará a todos lo que haga y diga. No valgo más porque el mundo a mi alrededor aplauda cómo soy y lo que he conseguido. Valgo porque soy yo con mi historia, con mis carencias y defectos. Valgo porque soy hijo de un Dios que me ha creado. Un Dios en el que creo y al que amo. Un Dios que ha soñado mi vida antes de que yo amaneciera y ha concebido en mi seno una vida preciosa para mí. No quiero estropearla con mi mirada negativa y exigente. No quiero echar por tierra todo lo que ya tengo y soy. Dios me ama y ese mensaje lo repito con fuerza al comenzar un nuevo año. Leía el otro día: «Por eso hablo conmigo misma a todas horas. Me digo: – Edie, eres única. Eres hermosa. Sé cada día más tú misma. He dejado de negarme a mí misma emocional o físicamente». Soy valioso, soy increíble, soy maravilloso. No necesito que el mundo me lo repita. No valgo más cuanta más aprobación logre. Es imposible vivir así. Al final me acabaré quebrando. Porque nunca todos y en toda ocasión estarán de acuerdo con lo que hago, valorarán mis actos y apreciarán mis palabras. No siempre conseguiré que me quieran por lo que hago. Necesito saber que valgo por lo que soy. Cuando es así todo se vuelve sencillo. Es lo que hoy Jesús escucha en medio del río Jordán: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco». Al comenzar este año me repito esta frase y tengo paz. Soy el hijo amado por Dios. No el más amado, no me comparo. Simplemente me ama a mí y eso me basta para ser feliz. Me ama en mi belleza y en mi fealdad. No tengo que hacer nada especial para ganarme su amor. Eso me cuesta comprenderlo. Porque tengo metas y pongo medios para alcanzarlas. Y quiero obtener un resultado, por eso me esfuerzo. Y el amor de los demás es un anhelo del corazón. Pero no basta con el amor de todos para ser feliz. Siempre habrá alguien que me juzgue, me critique desde su propia rabia y yo pensaré que ya no valgo. Porque esa persona no me ha amado. Al comenzar este año quiero liberarme de esa expectativa que me frustra y hace infeliz. No necesito ganarme el amor de todas las personas. Algunas me amarán, otras me odiarán, algunas me despreciarán, otras me ignorarán. Es parte de la vida. No busco entonces que todos me amen. Pienso en los que sí me aman y me alegro. Pienso en Dios que me ama, haga lo que haga y me alegro. Pienso en mi propia autoestima, que es el amor a mí mismo. Me amo como soy, no porque haga todo bien. Me amo en mis imperfecciones que a mis ojos son perfectas. Y comienzo así este año feliz, sin someterme a falsas expectativas que me atan: «Muchas veces nos encasillamos por culpa de las expectativas y de la sensación de que tenemos que desempeñar un papel o una función específicos». No quiero desempeñar un papel para los demás. No soy más valioso si consigo todo lo que me propongo. Soy fiel a mí mismo, no desempeño ningún papel en una obra de teatro. No tengo que agradar a los que me rodean. Soy fiel a mi verdad, a mi esencia. ¿Lo conseguiré este año? Sueño con esa libertad de los hijos amados de Dios. No necesito conseguir esos logros que los demás cargan sobre mí como exigencias. Si el mundo se hunde no será por mi culpa. Si la vida no es la que podría ser, no soy yo el responsable. Yo aporto mi grano de arena. Yo entrego lo que soy y lo que tengo. No sé si bastará pero lo hago con alegría. Me desprendo de mis miedos, de mis máscaras, de los roles en los que los demás me encasillan. No quiero agradar a todos. ser yo mismo es lo que me salva. Soy valioso tal y como soy. Soy amado por un Dios que me mira siempre con misericordia y me repite al oído que soy su hijo amado, el más amado a sus ojos. ¿Qué más puedo esperar de este año que comienza? Nada más. Me sentiré libre frente a todo lo que pueda suceder. Tengo paz. 


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