Señor Jesús, que estás vivo y realmente presente en la Eucaristía, queremos estar este tiempo contigo para amarte, alabarte y adorarte.
Tú nos enseñaste que por medio de la Eucaristía nos hacemos uno contigo, y Tú te haces uno con nosotros. La Eucaristía nos lleva al cielo, porque nos une cada vez más a Ti, Jesús.
Que cada momento de adoración silenciosa deje una huella clara en nuestra manera de vivir. Que nuestras actitudes, nuestra manera de hablar y de tratar a los demás tenga su raíz en estos encuentros íntimos contigo. Que cada espacio de silencio frente al Santísimo sea la fragua invisible donde podamos configurarnos contigo, Señor.
Que la Eucaristía se convierta para nosotros no solo en un medio de gracia, sino en el lugar donde el alma es trabajada por Dios, donde nos dejamos amar y transformar, hasta parecernos cada vez más a Jesús.
¡Infinitamente seas alabado, Jesús Sacramentado!
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