Señor Jesús, siento que tantas veces me haces esa misma pregunta. Día tras día te haces presente en mi vida de tantas maneras y con tantos detalles, y yo pongo mis desvelos en tantas otras cosas. ¡Perdóname!
Perdóname por los momentos en los que me centro solo en mis preocupaciones que a menudo nublan mi fe y olvido tu poder y providencia. Perdóname por la falta de profundidad en la visión de la realidad y la superficialidad de mi fe, olvidándome de tantos necesitados de paz, pan y amor que hay a mi alrededor.
Te doy gracias por tu paciencia y por abrir mis ojos a la verdad una y otra vez, para que no me quede en la corteza de las cosas, para reconocer tus milagros y bendiciones, y para ser instrumento de tu amor y tu cuidado para los demás.
Amén
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