Evangelio según san Mateo 21, 23-27
Jesús entró en el Templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, para decirle: “¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te ha dado esa autoridad?”.
Jesús les respondió: “Yo también quiero hacerles una sola pregunta. Si me responden, les diré con qué autoridad hago estas cosas.
¿De dónde venía el bautismo de Juan? ¿Del cielo o de los hombres?”. Ellos se hacían este razonamiento: “Si respondemos: ‘Del cielo’, él nos dirá: ‘Entonces, ¿por qué no creyeron en él?’.
Y si decimos: ‘De los hombres’, debemos temer a la multitud, porque todos consideran a Juan un profeta”.
Por eso respondieron a Jesús: “No sabemos”. El, por su parte, les respondió: “Entonces yo tampoco les diré con qué autoridad hago esto”.
Autoridad
1) Acercaron: La autoridad no te la da un decreto, ni un título, y mucho menos un distintivo en tu vestir, sino tu actuar con los demás y ante los demás, como así también tu forma de decir y de vestir. Conocí mucha gente soberbia que cada vez que me hablaba me daba a conocer su cargo o su curriculum, que me llevaba a ver cuán pobre y pequeña era para refugiarse en un distintivo. Y ahora, que soy cura de campo y montaña conocí gente simple y sencilla que me llenan la vida por su forma de ser y por verla cómo viven en las montañas y cómo hasta contemplan el amanecer. Recuerdo a un sacerdote que una vez le dije: “Hola, padre”, y me corrigió y me dijo: “Soy monseñor”. Recuerdo que le dije: “Bueno, en el fondo los dos nos moriremos e iremos al mismo piso…” En fin, que los cargos no te hagan creer que por eso tienes más autoridad, porque las actitudes son las que te generan esa autoridad.
2) Viene: Aprende a actuar con autenticidad y no buscando un cargo para “ser”, porque vos no sos por los cargos y títulos que tenés, vos sos por tu historia y por las batallas de tu vida que pudiste vencer. No dejes que nadie te quite la alegría de vivir y de disfrutar de cada cosa que haces. No dejes que nadie te lleve a ser lo que ellos quieren que seas, porque sino tu vida se convierte en un padecer. Date la oportunidad de vivir y recordar de dónde venís y qué es lo que vos querés hacer.
3) Tampoco: Ser astuto implica saber en qué momento se debe hacer cada cosa. Por tanto, date la oportunidad de solo decir las cosas a las personas que corresponde saber. No te detengas a dar explicaciones de tu vida a aquellos que nada pueden hacer por vos. Hay gente que solo quiere saber de vos por chusmerío por simple hablar. Deja de lado eso y aprende a callar y con quién hablar. Algo bueno está por venir.
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