Que tu presencia maternal sea el refugio donde mi alma encuentre descanso y tu sonrisa sea la esperanza que me impulse a empezar de nuevo cada mañana
Madre, Tú que fuiste la primera en contemplar el rostro del Salvador, te pido hoy que vuelvas tus ojos misericordiosos hacia mí. En medio de las sombras del mundo y de las dudas de mi propio corazón, sé tú la estrella que guía mis pasos hacia tu Hijo Jesús.
Guíame, María. Que mi vida, como la tuya, sea una pequeña lámpara que apunte siempre hacia el Señor. Cuando el egoísmo me nuble, dame tu claridad para servir. Cuando la tristeza me alcance, dame tu resplandor para consolar.
Bajo tu manto pongo mis preocupaciones y mis sueños. Que tu presencia maternal sea el refugio donde mi alma encuentre descanso y tu sonrisa sea la esperanza que me impulse a empezar de nuevo cada mañana.
Amén
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