Madre, tú que nunca abandonaste a Jesús en el camino hacia la Cruz, toma hoy mi mano y enséñame a entrar en este tiempo de gracia con humildad.
Que la Palabra de tu Hijo Jesús renueve mi corazón y mi vida. Enséñame a ayunar de todo aquello que me aparta de Dios. Guíame para que sepa privarme de palabras que lastiman y llenarme, en cambio, de bondad. Ayúdame a dejar la indiferencia y a colmarme de compasión.
Acompáñame en mi camino de conversión. Sé que no soltarás mi mano cuando el camino se vuelva cuesta arriba.
Que encuentre en tu abrazo la fortaleza para que cada uno de mis pequeños sacrificios sea siempre un acto de amor hacia los que más sufren.
Amén
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