Señor Jesús, aquí estoy ante ti, conmovido por tu inmenso amor.
¡Qué misterio tan grande que tú, el Dios del universo, vengas a mí y te unas tan estrechamente a mi pequeñez bajo la forma del alimento!
Gracias, Jesús, porque al recibirte, tu Sangre ya fluye en mí y tu alma se compenetra con la mía. No dejes que me olvide de esta unión tan íntima.
Aliméntame, dame tu fuerza y transforma mi corazón para que, unido a ti, pueda amar a los demás como Tú me amas.
María, Madre mía, enséñame a adorar a tu Hijo con la pureza y el silencio de tu propio corazón.
Amén
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