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Meditación del día 25 de octubre

por Pbro. Luis A. Zazano
Mateo 22,34-40

Evangelio según san Mateo 22,34-40

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él,
y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
“Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?”.
Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.
Este es el más grande y el primer mandamiento.
El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas”.

Poner a prueba

1) Fariseos: Te recuerdo que nosotros no predicamos el Evangelio, sino que somos el Evangelio, la Buena Noticia. Esa es la diferencia con el fariseo, porque el fariseo estudia la palabra de Dios, y hasta puede ser erudito en ella, pero aquí Jesús nos recuerda que somos el Evangelio, porque Jesús habita en vos y en mí, habita en nosotros. Tenemos una relación interna e íntima con Él. Cuando pensamos en el Evangelio como una franquicia, asumimos un estilo de vida institucional y dejamos de lado la relación íntima con Dios. Por eso, los fariseos hoy pueden estar en los grupos o movimientos parroquiales, en los que se reduce el Evangelio a tu participación en la institución. No somos como McDonald’s, donde vendemos estilos en todo el mundo para replicar las iglesias con un mismo modelo. Ser Evangelio no pasa tan solo por hacer un bien social, sino que es algo más. Es salir de tu burbuja de vida y asumir que viven y existen otras personas a tu alrededor, como al estilo de Jesús, que “Dios se hizo hombre para que el hombre descubra a Dios”. Salir de vos para recordar que hay otros, hace de vos un Evangelio.

2) Maestro: Cuando yo era chico mi sueño era ser pianista, pero para ese tiempo, y siendo tan chico, era algo muy difícil. Cantaba todo el tiempo y hasta me iba por mi zona de la niñez, en Tafí Viejo, donde vivía en ese tiempo, cantando y buscando que me enseñen. Mi papá me regaló una guitarra. Me encantaba la música, pero después, cuando me fui haciendo más grande, fracasé, porque me di cuenta de que no era lo mío. Después me metí en karate. Quería ser un deportista profesional, pero con el tiempo, también lo dejé y fracasé. Me iba dando cuenta con el tiempo que las cosas no me salían como me las imaginaba. Después hasta bailé folklore y me recibí de profesor, pero también con el tiempo me di cuenta que no era lo mío. Así hasta que, cuando ya era cura, me di cuenta de que enseñar me encantaba. Así que me metí en el profesorado para enseñar. Aunque ahí comprendí que más que enseñar, me gustaba escuchar. Descubrí que por ahí estaba mi situación de vida. En todo eso, me di cuenta y un día, hablando con mi papá, le conté que iba a seguir estudiando y aprendiendo cosas de Psicología, pero que no sabía si iba a seguir porque ya había fracasado mucho, él me dijo: “Vos no vas a detener el tiempo porque te equivoques, pero la pregunta es si, teniendo más de 30, sos la persona que querés ser”. Lo que más me quedó grabado fue una conversación, en el 2019, cuando yo había salido de una depresión, estaba más aliviado, y me había dedicado a estudiar Psicología. En esa conversación me dijo: “A mí no me molesta un hijo que haya fracasado mucho, lo que me golpea es que un hijo, por miedo, no haya sido lo que quería ser”. Te lo dejo también para vos: me da miedo que no seas la persona que querés ser.

3) Amarás: En la vida vos ponés tu ilusión y tu empeño en algo que realmente amas, por lo que seguís intentando y sabiendo que algo bueno va a venir a tu vida. Por eso, para tener en claro lo que haces, también tenés que tener en claro lo que te motiva. Porque, lo que nos enseña Jesús es a saber que, cuando uno ama algo o alguien, no es capaz de tirar la toalla al instante. La vida espiritual ayuda a ver salidas cuando uno, humanamente, no las encuentra. Amar es seguir intentando como Jesús en la cruz, donde está la mayor obra del amor de Dios. Por eso, así como hoy Jesús nos deja el amor a Dios y al prójimo, como dos elementos esenciales, yo te dejo dos preguntas que te pueden ayudar en tu vida: ¿qué es lo que realmente quiero?, y la segunda pregunta es: ¿por qué lo quiero como lo quiero? Si podés responderte estas dos preguntas, te aseguro que se va a aliviar mucho tu alma y tu vida. Algo bueno está por venir.


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