La fe es una adhesión personal del hombre entero a Dios que se revela. Implica ofrecer la inteligencia y la voluntad a la Revelación de sí mismo que ha hecho el Señor mediante sus obras y palabras. Como la fe es un don sobrenatural, para creer el hombre necesita auxilios interiores del Espíritu Santo.
La fe es saber y confiar. Tiene siete rasgos:
• La fe es un puro don de Dios, que recibimos, si lo pedimos ardientemente.
• La fe es la fuerza sobrenatural que nos es necesaria para obtener la salvación.
• La fe exige la voluntad libre y el entendimiento lúcido del hombre cuando acepta la invitación divina.
• La fe es absolutamente cierta, porque tiene la garantía de Jesús.
• La fe es incompleta mientras no sea efectiva en el amor.
• La fe aumenta si escuchamos con más atención la voz de Dios y mediante la oración estamos en un intercambio vivo con él.
• La fe nos permite ya ahora gustar por adelantado la alegría del cielo.
Quien cree busca una relación personal con Dios y está dispuesto a creer todo lo que Dios muestra (revela) de sí mismo. La fe es lo más personal de un hombre, pero no es un asunto privado. Quien quiera creer tiene que poder decir tanto ‘yo’ como ‘nosotros’. Cada creyente da su asentimiento libre al ‘creemos’ de la Iglesia. Tener fe es tomar parte en una convicción común. La fe de los otros me sostiene y, a su vez, mi fe conforta a quienes me rodean.
CIC 150-175; Youcat 21-24