Amigos de Dios - Misioneros Digitales Católicos MDC
Portada » Amigos de Dios
jesus-apostoles

Estamos ya en el sexto domingo de Pascua y la Iglesia nos ofrece hoy una continuación del Evangelio de hace 8 días, del capítulo 15 del Evangelio de San Juan, con la parábola de la vid y los sarmientos. 

 
En esta segunda parte de la parábola de la vid y los sarmientos, el Señor subraya un aspecto que es sumamente importante para que nosotros comprendamos nuestra relación con Él. Él dice: “Ya no los llamo siervos, sino amigos. Porque el siervo no sabe lo que hace su Señor, en cambio, yo les he dado a conocer todo lo que me ha dicho mi Padre”. ¡Qué hermosas estas palabras del Señor! Y, sobre todo, ¡qué maravillosa realidad la que hay detrás de esas palabras que expresan una transformación total de nuestra relación con Dios!
 
Es posible que nosotros tengamos, en algunas oportunidades, una relación con Dios un poquito extraña, en el sentido que esté basada en el temor. Que consideremos a Dios como un juez terrible que nos va a tomar cuentas de cada uno de los momentos de nuestra existencia, y por lo tanto, que pensemos en Dios solamente con miedo, con terror. Yo pienso que hay muchas personas que a veces se sienten verdaderamente aterrorizadas con la imagen de Dios. (www.ebsta.com)
 
Fíjense ustedes que lo que el Señor nos dice es totalmente lo contrario. Ese Dios no es un juez, sino que es de verdad un amigo, un amigo que ha querido venir a compartir con nosotros, a caminar con nosotros, como un amigo camina con su amigo.
 
El Señor nos dice: “Yo les he dado a conocer a ustedes todo lo que el Padre me ha dado, todo lo que el Padre me ha dicho”. Es decir, el Señor nos ha comunicado quién es Él, así como un amigo le cuenta a su amigo quién es él y le abre su corazón; y con un amigo comparte las alegrías, las penas y las tristezas. Qué maravilla pensar que el Dios a quien nosotros amamos es un Dios amigo cercano, que está con nosotros, que camina con nosotros, que está dispuesto a escucharnos, a escuchar nuestras críticas, nuestros pensamientos, nuestras angustias, nuestras dificultades; que comparte con nosotros también nuestras alegrías.
 
¿Y por qué Él es nuestro amigo? Porque nos revela que Dios es nuestro Padre. Dios es el Dios de misericordia, de ternura, de amor paterno hacia nosotros. Cada uno de nosotros ha tenido la experiencia de lo que significa tener un papá. A veces, desafortunadamente, esas experiencias son traumáticas, pero la realidad de padre es aquel que da la vida, que cuida, que protege, que guía. Eso es lo que el Señor hace con nosotros, por medio de su hijo Jesucristo, nuestro amigo.
 
Qué bueno que nosotros podamos verdaderamente sentirnos amigos de Dios y sentirlo a Él como nuestro amigo y entablar con Él una verdadera relación de amistad, de amistad profunda, de amistad que llene nuestros días de alegría y de paz.
 
Ahora, el Señor nos dice que, si nosotros verdaderamente somos sus amigos, entonces vamos a amar de verdad a los demás porque vamos a considerar a los demás como amigos. Nosotros normalmente en la vida ordinaria tenemos una profunda desconfianza hacia los demás. En el mundo en el que vivimos, generalmente, toda persona que no conocemos, y aún muchas de las que conocemos, puede ser potencialmente un enemigo y les tenemos una desconfianza espantosa. Es la inseguridad de laque tanto se habla hoy en nuestras ciudades; la inseguridad ve en los demás enemigos potenciales, y eso hace que verdaderamente nosotros no seamos capaces de establecer relaciones cercanas y de verdadera amistad con los demás. En el mundo de hoy, difícilmente se encuentran amigos porque hay desconfianza, y hay toda esa resistencia a confiar verdaderamente en el otro y a entregarle el corazón a través de un sentimiento de amistad a otra persona.
 
El Señor nos invita a que venzamos esa desconfianza, a que seamos capaces de que – así como Él nos ama y viene a nosotros y se hace nuestro amigo – así también nosotros confiemos en los demás. Es posible que a veces haya desilusiones, que esa confianza muchas veces pueda ser traicionada, pero partamos del principio que todos son potencialmente buenos amigos; y por lo tanto, seamos capaces de establecer poco a poco con aquellas personas, con las cuales hay una cierta cercanía, una cierta proximidad, una verdadera relación de amor. Y hacia los demás, empezar a mirarlos con otros ojos, no con los ojos de desconfianza, no con los ojos de temor, no con los ojos de quién sabe qué es lo qué va a pasar, sino vivir un poquito más en esa sensación de que todos somos hermanos, todos somos amigos, y por lo tanto, todos caminamos juntos.
 
El Señor nos dice algo muy interesante y muy importante. Nos dice entonces: “Todo lo que ustedes pidan en mi nombre, yo se los concederé”. Porque, indudablemente, si nos sentimos amigos del Señor, si le abrimos nuestro corazón y si abrimos nuestro corazón a los demás para ayudarlos, para caminar también con ellos, indudablemente, que no vamos a querer sino aquello que el Señor quiere de nosotros, que es su paz y su amor, y Él nos lo da.
 
La bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.

 

 

Tu Colaboración es importante para ayudarnos a mantener esta página y
el Proyecto te Misioneros Digitales. Cualquier Colaboración es bienvenida

¡Que Dios te bendiga!  

 

Misioneros Digitales Donaciones

 [ecp code=»Matched_Content»]

 


Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC

Subscribe to get the latest posts sent to your email.

Artículos relacionados

Deja un comentario

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumimos que está de acuerdo con esto, pero puede optar por no aceptarlas si lo desea. Acceptar Leer más

Privacidad & Políticas de Cookies

Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading