El Acordaos —oración atribuída a San Bernardo de Claraval— es la mejor oración para mostrar nuestra confianza en la Virgen María, pues Ella es Madre cle mentísima; una Madre que está siempre pendiente de todos, y cada uno, de sus hijos.
Es la súplica de un hijo que se ve necesitado de los cuidados maternales de María para vencer las tentaciones del enemigo. Un hijo que ruega e implora humildemente, reconociéndose indigno y pecador, la protección siempre poderosa de la Madre de Dios, para que en ningún momento le deje solo. Un hijo que sabe que sin la ayuda de la Virgen no es capaz de salir victorioso en las batallas que tiene que Iuchar durante esta vida para alcanzar la gloria del Cielo.
En esta oración el alma recuerda a Santa María el motivo de su inquebrantable confianza: jamás la Virgen ha dejado de socorrer a los que han acudido a Ella buscando su protección. Y Ella presenta ante el trono de la Divina majestad de su Hijo Jesús todas las súplicas y ruegos que se le hacen
Pero a pesar de ser denominada la oración de San Bernardo, no se sabe exactamente el origen de la misma, los primeros documentos donde la encontramos proceden del siglo XV. Quien divulgó realmente la oración fue el fraile francés Claude Bernard (1588-1641), llamado “le pauvre prêtre”, que vivió cinco siglos más tarde que el santo de Claraval.
Bernard utilizaba la oración como una ayuda en su apostolado entre los condenados a muerte, llegando a imprimir 200.000 folletos con el Acordaos en varios idiomas, distribuyéndolos donde pensaba que podían ser de ayuda.Tanta devoción a esta oración procedía del hecho que el propio Bernard había sido curado de una grave enfermedad, después de haber rezado el Acordaos al sentirse en peligro de muerte.
En un primer momento pensó que su curación se había debido a causas naturales, pero recibió la visita de un fraile agustino que le contó que la Virgen se le había aparecido y contado la enfermedad del Padre Claude. En ese momento pidió perdón a Dios por su ingratitud y se dedicó a fomentar la divulgación de la oración.
La razón por la que se atribuye a San Bernardo puede ser debida a que en la Biblioteca Nacional de París existen unos retratos de Claude Bernard junto con la oración y un rotulo que dice “oración del Rev. P. Bernard a la Virgen”; con el tiempo se asoció la oración que rezaba el fraile con el Santo de Claraval. El propio fraile manifestó que la oración la había aprendido de su padre y se sabe que era conocida y rezada por el salesiano y obispo de Ginebra, San Francisco de Sales (1567-1622) veintiún años más viejo. En la obra Antidotarius animae, publicada en 1489, un libro de oraciones de Nicolaus Salicetus, un monje cisterciense, abad de Baumgarten, pueblo que hoy forma parte de la ciudad de Viena, donde murió en 1493, aparece una oración Ad sanctitatis tuae pedes, dulcissima Virgo Maria (A los pies de tu santidad, dulce Virgen María), dentro de la cual esta incluido el Acordaos.
Esta oración aparece en otros libros como en Hortulus Animae (Pequeño jardín de las almas), un libro de oraciones en latín y alemán, cuya primera edición conocida fue impresa en Estrasburgo por William Schaffener of Rappeltsweiler el 13 de marzo de 1498 y en el Precationum piarum enchiridion (Manual de oraciones piadosas) del filosofo y teólogo Simon Verepaeus (1522-1598).
A lo largo del siglo XVII la oración la encontramos, con pequeñas diferencias, en diversas obras, como Coeleste palmetum (Palmar celestial) del jesuita alemán Wilhelm Nakatenus (1617-1682) hasta llegar a la versión que utilizamos actualmente.
Como conclusión podemos decir que el Acordaos es una oración mariana muy popular, de autor desconocido, que su autor no es San Bernardo, a pesar de la idea ampliamente extendida y que los primeros datos sobre su uso se remontan a mediados del siglo XV, estando su rezo generalizado en el siglo XVIII. El Papa Pío IX otorgó en 1846, año de su elección, indulgencias por su rezo.
Conocida por su primera palabra, Acordaos (en latín Memorare)
Español
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido a vuestra protección,
implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro,
haya sido desamparado.
Animado por esta confianza, a Vos también acudo,
¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!,
y gimiendo bajo el peso de mis pecados
me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana.
¡Oh Madre de Dios!, no desechéis mis súplicas,
antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente.
Amén.
Latín
Memorare, O piissima Virgo Maria, non esse auditum a saeculo,
quemquam ad tua currentem praesidia,
tua implorantem auxilia, tua petentem suffragia,
esse derelictum.
Ego tali animatus confidentia,
ad te, Virgo Virginum, Mater,
curro, ad te venio, coram te gemens peccator assisto.
Noli, Mater Verbi,
verba mea despicere; sed audi propitia et exaudi.
Amen.
Sin tu ayuda no podemos continuar y esta página
Ayúdanos a mantener el proyecto de Misioneros Digitales vivo
¡Gracias por tu generosidad!
¡Dios te bendiga!
[ecp code=”Matched_Content”]
Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC
Subscribe to get the latest posts sent to your email.
