Déjame que te cuente un potente secreto:
LA ENVIDIA DE LOS DEMÁS NO PUEDE ALCANZARTE NI PERJUDICARTE.
La única envidia que puede dañarte es LA TUYA. La que vos sientas y decidas dejar crecer en tu corazón.
La envidia nace de la ceguera, de la pertinaz inconsciencia de los propios dones recibidos, de una percepción sesgada y miope de tu propia realidad.
Por eso, el antídoto contra la envidia no es un pedacito de tela rojo en tu muñeca, sino algo tan grande como desconcertante: la roja sangre del Cordero que se derramó y se derrama por ti, símbolo de la Eterna Misericordia.
Es la certeza del Amor Compasivo del Padre Dios, un amor apasionado, fiel, generoso.
Saberte amado incondicionalmente, aprender a sentirte un niño mimado, abrir cada mañana los ojos y respirar como si fuera la primera vez, es suficiente para desactivar ese veneno mortal, que no ha de perjudicar a nadie -permitime que sea redundante- más que a vos.
No pierdas tiempo, entonces, en descubrir complejas conspiraciones en tu contra, ni en encontrar con afán de detective a los posibles responsables de tus pequeñas o grandes dificultades…
No pierdas tiempo: mirá, escuchá, sentí la Vida eterna que de tantas maneras se te ofrece… y ya no sentirás temor.
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2 comentarios
Queridos misionesros digitales,
si supieran el bien que me hacen sus comentarios del ev diarios, los articulos, en fin …todo!
Son realmente una herramienta para mantenernos cada día pegaditos a Dios y crecer en vida espiritual.
Muchas gracias!!!
Gracias… Por sus palabras me gusta mucho leer lo que se escribe porque encuentro paz …me encuentro pasando por una situación muy difícil y me ayuda a sentir que no estoy sola que cuento con el gran amor de mi Padre…
Dios los bendiga por su labor