Inicio Opinión ¿Y si evangelizo? Pequeñas (grandes) maneras de hacerlo.

¿Y si evangelizo? Pequeñas (grandes) maneras de hacerlo.

por Pierina Chesani
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¿Cómo hacemos para llevar a nuestro Dios amor, hacia las personas que nos rodean?

“Dios es amor, la Biblia lo dice. Dios es amor, San Pablo lo repite. Dios es amor, búscalo y verás. En el capítulo 4, versículo 8, primera de Juan”. Así, cantábamos una y otra vez cuando éramos niños. Lo hacíamos cada sábado, mientras celebrábamos los encuentros de Infancia Misionera.

Tres palabras que resumen en gran medida nuestra fe: Dios es amor. Creemos en un Dios que es puro amor. Entonces ¿Cómo hacemos para llevar a nuestro Dios amor, hacia las personas que nos rodean? No necesitamos ser grandes estudiosos en teología. Nuestra tarea consiste, simplemente, en esparcir amor.

Sonreír: La sonrisa contagia, porque, así como va, también vuelve. Podemos esparcir alegría con un hermoso gesto. Podemos animarnos mutuamente con tan solo sonreír. Sabemos que somos amados por Dios, sabemos que somos amados por muchas personas a nuestro alrededor, entonces ¿por qué no llevar esa alegría y ese amor a los demás?

Buenos deseos: Desear únicamente lo bueno y callar lo malo. “¡Bendecido día! ¡Siempre es a tiempo para los buenos deseos!”, me escribía una amiga. Tan simple y, a la vez, tan cargado de amor. Ya sea desde los mensajes que salen desde nuestro celular, hasta los saludos al salir de la panadería. Carguemos nuestros días con buenos deseos hacia otras personas.

Abrazar: El abrazo que conforta, consuela y anima es una herramienta fundamental para llevar el amor del Señor a los demás. Abrazos cortos, un poco más duraderos o con palmaditas en la espalda, cualquiera viene bien. Es una forma de decir “acá estoy, te acompaño”. Nuestra familia y nuestros amigos son parte del ambiente al cual debemos evangelizar, y un abrazo, muchas veces, brinda más amor del que podemos explicar con nuestras propias palabras.

Escuchar: No siempre está en nosotros llenar el espacio con palabras. Es necesario tener los oídos dispuestos para escuchar. Ese gesto voluntario para sentirnos presentes frente al otro, lleva consigo mucho amor. Podemos ser la persona que están buscando para compartir algún problema cotidiano o la alegría de enterarse una buena noticia. En nuestros oídos tenemos la posibilidad de ser un bálsamo para los demás.

Rezar: La fuerza de la oración es inmensa, no la podemos medir. Rezar unos por otros es el mejor regalo que nos podemos hacer mutuamente. Hablarle al Señor sobre otras personas, nos acerca y nos conecta con nuestros amigos de maneras impensadas. La oración sincera y profunda sobre los demás, acompañada con nuestro testimonio en la vida diaria, es la herramienta más fuerte que tenemos para llevar el evangelio a otras personas.

Ser coherentes entre lo que profesamos y cómo lo hacemos es fundamental. Si bien, muchas veces, no somos personas que demuestren grandes gestos de amor hacia los demás, podemos mejorar día a día. Buscando el encuentro alegre, amoroso y continuo con quienes nos rodean, pero sabiendo que Dios que es puro amor nos acompaña. Podemos hacer mucho desde nuestro lugar para evangelizar, no es difícil ¡Manos a la obra!

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