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La Virgen María y la Navidad

por Lorena Bais
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¡Navidad! ¡Navidad! No la comercial. La de los perfumes, colonias, comilonas en abundancia. No. La otra. La más recogida. La pobre y humilde. La más cercana a la verdadera. La que vivieron María, José y la borriquilla, con el buey y la mula, y los pastores de Belén, que corrieron para contemplar al Mesías del mundo.

La Navidad de Jesús de Nazaret. La del Niño Dios. Aquel niño de perlas. El que nació en el corazón de la noche, al amparo de las estrellas, con el gemido de su madre, el silencio de José y el asombro de los animales. La de los pastores que, locos de alegría, por la buena noticia recibida del Ángel, caminan con ligereza, al portal de Belén.

Esta Navidad la necesitamos como el pan. Lo mismo que el oxígeno en medio de un mundo que se nos va haciendo irrespirable. Un mundo estresado, en el que tanta crisis, engaños y mentiras, nos roen los sentimientos más nobles del alma. Necesitamos la vida. Pero no una vida cualquiera. Una vida sana, la que viene de Dios. Una vida profundamente humana, trascendente y divina.

Esta Navidad fue posible por una jovencita que se abría a la vida. María de Nazaret. La Virgen María. La pobre de Yahvé. La humilde. La Inmaculada. La que esperaba con Israel y con toda la humanidad la venida del Mesías. El Salvador. A esta Virgen que recibió en su alma y en su cuerpo al Verbo de Dios y nos entregó a Jesucristo: ¡Santa María, haz posible en nuestras vidas y en nuestro mundo el milagro del nacimiento del Hijo de Dios!

María aparece en San Lucas con una relevancia especial, ya que narra la anunciación por parte del Ángel a María, como también la visitación de María a su prima Isabel, el nacimiento del Niño Dios, la presentación, la pérdida del niño, para ser encontrado en el templo. (Lucas 1,26-38).

San Juan, coloca la vida de María entre dos circunstancias, tanto en Caná (Juan 2.1-12) como en el calvario (Juan 19, 2ss). Así la presenta primero como creyente, convencida de Dios y en segundo lugar como madre de sus discípulos.

Veamos con qué título lo define el nuevo testamento.

1.   La hija de Sion

La Virgen Santísima aparece como ser humano, como alguien semejante a sus contemporáneos, una criatura (aunque llena de gracia) pero no es una diosa. Porque a Ella, no se la adora, sino se la venera.

Su mismo nombre es común en la época, son numerosas las Marías en el Nuevo Testamento. Ese nombre significa algo así como “Princesa”, “Señora”.

San Lucas, presenta a María como una piadosa Mujer Judía, como obediente a la Ley (Lucas 2, 22, 27-39). Su mismo cántico de fe “El Magníficat”, es una recopilación de Salmos, y toma en cuenta el canto de Ana (Lucas 1,46-55 y Samuel 2,1-10).

No obstante, Lucas está consciente que si bien, es María un ser humano, tiene al mismo tiempo unas características muy especiales. Así pues, en las escenas de la Anunciación y de la visitación, (Lucas 1,26-55) muestra a María como la Hija de Sion, como personificación del “pueblo de Dios”.

“El regocíjate” del Ángel (Lucas 1,38) no es una salutación normal, sino que hace referencia a “las promesas” de la venida del Señor a su ciudad Santa “canta himnos, Hija de Sion… alégrate… Hija de Jerusalén” (Sofonías 3,14-17).

El título “llena de Gracia” o colmada de favor Divino, puede referirse a la Esposa del Cantar, uno de los símbolos del “Pueblo Elegido”.

Estos indicios bíblicos, manifiestan que sólo ella, recibe un nombre de ese pueblo, el anuncio de Salvación. Ella también lo acepta y lo lleva a ejecución; ella en El Magníficat, habla en nombre de la raza de Abraham, en nombre de la humanidad toda.

2.   La Virgen

Es un título con el que nuestro pueblo la llama y la invoca. El hecho de la Virginidad de María en la Concepción de Jesús, se afirma en (Lucas 1, 26-28) “María, dijo al Ángel ¿Cómo será esto, pues no conozco varón? Y el Ángel le contestó: El Espíritu Santo, vendrá sobre ti, y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra, por eso el Niño que nazca será Santo y llamado Hijo de Dios” (Lucas 1.34-35).

Y San Mateo afirma: “El nacimiento de Jesucristo fue así: estando desposada María, su Madre, con José, su marido siendo justo y no queriendo denunciarla, resolvió dejarla ocultamente, cuando un Ángel del Señor se le apareció en sueño y le dijo: “José, Hijo de David, no temas en recibir contigo a María, tu esposa, pues su concepción es del Espíritu Santo” (Mateo 1, 18-20).

Esto no es otra cosa, que el cumplimiento del oráculo de Isaías 7,14 “Yahvé mismo les dará pues una señal. Miren: la Virgen encinta, da a luz un Hijo a quien ella pondrá el nombre de Emmanuel”.

Todo lo que Lucas deja entrever del alma de María, hace referencia a motivos muy elevados y muy positivos, a favor de la virginidad, así ésta es entendida como una consagración, como un don de amor de entrega exclusiva a Dios.

Y es admirable como ha entrado en el corazón de nuestro pueblo, esa denominación Mariana, ya que se le invoca constantemente como “La Virgen María”.

La Biblia solo habla de Jesús como el Hijo Único de María, a pesar de que también en la Sagrada Escritura, se habla de hermanos, refiriéndose con ello a los primos hermanos o parientes cercanos de Jesús.

De igual manera la Iglesia, siempre ha expresado y enseñado que a la Virgen María no se le adora, sino que se le venera.

3.   María Madre

La Virgen María y la Navidad

A todos los niveles de la tradición de los Evangelios, María aparece como la Madre de Jesús. Varios textos la designan con ese gran título: “Al verlo se quedaron maravillados, y su Madre le dijo ¿Hijo por qué has hecho esto?” (Lucas 2, 48) “Estaban en pie junto a la cruz de Jesús, su Madre como también María de Cleofás, hermana de su Madre y María Magdalena” (Juan 19,25).

María ante el anuncio del Ángel, acepta libremente ser Madre del Mesías. Ella da a luz a su Hijo y asume su responsabilidad de Madre, lo alimenta, lo educa, lo protege, lo ama y ese Hijo le estaba también sujeto.

Jesús en Juan nos da a María por Madre, para que nos proteja, nos haga crecer en la fe, nos ame, nos ayude en la salvación como intercesora, por ello Él dice “Mujer he ahí tu Hijo” (Juan 19- 26).

Así adquiere una nueva maternidad universal, que en adelante ejercerá como misión en el Pueblo de Dios

4.   María creyente

Ella aparece como mujer de fe, María debe creer que aquel niño débil, hermoso y que siente frio, es el Hijo de Dios, el Mesías. Ella ora y utiliza la Escritura, posee una fe que se profundiza en las oscuridades y en las pruebas.

En razón de esa fe, medita y guarda en su corazón tantos misterios. El mismo Jesús la elogia como creyente cuando dice “Dichosos más bien quienes escuchan la palabra de Dios y la practican” (Lucas 11,28) e Isabel bendice a María afirmando “Bienaventurada la que ha creído que se cumplirán las cosas, que se le han dicho de parte del Señor” (Lucas 1,45)

Por tanto, unámonos a María en esta Navidad para que ella como “Hija de Sion”, “Virgen”, “Madre” y “Creyente”, nos lleve a Jesucristo a fin de que podamos celebrar en “Familia” una auténtica Navidad cristiana.

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