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Te Alabamos Señor. Hoy: Salmo 22

por Editor mdc
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Alabar a Dios, orar, conversar con el Padre, siempre recordando nuestra condición de hijos amados por Él. Estos son algunos de los objetivos de este proyecto de Misioneros Digitales Católicos , que culminará cuando publiquemos el Salmo 150.

Hoy compartimos con ustedes el Salmo 22

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SALMO 22 (versículos 1-32)

Del maestro de coro. Según la melodía de «La cierva de la aurora». Salmo de David.

2 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

¿Por qué estás lejos de mi clamor y mis gemidos?

3 Te invoco de día, y no respondes,

de noche, y no encuentro descanso;

4 y sin embargo, tú eres el Santo,

que reinas entre las alabanzas de Israel.

5 En ti confiaron nuestros padres:

confiaron, y tú los libraste;

6 clamaron a ti y fueron salvados,

confiaron en ti y no quedaron defraudados.

7 Pero yo soy un gusano, no un hombre;

la gente me escarnece y el pueblo me desprecia;

8 los que me ven, se burlan de mí,

hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo:

9 «Confió en el Señor, que él lo libre;

que lo salve, si lo quiere tanto».

10 Tú, Señor, me sacaste del seno materno,

me confiaste al regazo de mi madre;

11 a ti fui entregado desde mi nacimiento,

desde el seno de mi madre, tú eres mi Dios.

12 No te quedes lejos, porque acecha el peligro

y no hay nadie para socorrerme.

13 Me rodea una manada de novillos,

me acorralan toros de Basán;

14 abren sus fauces contra mí

como leones rapaces y rugientes.

15 Soy como agua que se derrama

y todos mis huesos están dislocados;

mi corazón se ha vuelto como cera

y se derrite en mi interior;

16 mi garganta está seca como una teja

y la lengua se me pega al paladar.

17 Me rodea una jauría de perros,

me asalta una banda de malhechores;

taladran mis manos y mis pies

16c y me hunden en el polvo de la muerte.

18 Yo puedo contar todos mis huesos;

ellos me miran con aire de triunfo,

19 se reparten entre sí mi ropa

y sortean mi túnica.

20 Pero tú, Señor, no te quedes lejos;

tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme

21 Libra mi cuello de la espada

y mi vida de las garras del perro.

22 Sálvame de la boca del león,

salva a este pobre de los toros salvajes.

23 Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos,

te alabaré en medio de la asamblea:

24 «Alábenlo, los que temen al Señor;

glorifíquenlo, descendientes de Jacob;

témanlo, descendientes de Israel.

25 Porque él no ha mirado con desdén

ni ha despreciado la miseria del pobre:

no le ocultó su rostro

y lo escuchó cuando pidió auxilio»

26 Por eso te alabaré en la gran asamblea

y cumpliré mis votos delante de los fieles:

27 los pobres comerán hasta saciarse

y los que buscan al Señor lo alabarán.

¡Que sus corazones vivan para siempre!

28 Todos los confines de la tierra

se acordarán y volverán al Señor;

todas las familias de los pueblos

se postrarán en su presencia.

29 Porque sólo el Señor es rey

y él gobierna a las naciones.

30 Todos los que duermen en el sepulcro

se postrarán en su presencia;

todos los que bajaron a la tierra

doblarán la rodilla ante él,

y los que no tienen vida

31 glorificarán su poder.

Hablarán del Señor a la generación futura,

32 anunciarán su justicia a los que nacerán después,

porque esta es la obra del Señor.

Fuente: El Libro del Pueblo de Dios. 

Voces: Ma. Teresa Vargas y Marcelo Ripari /Música: Juanjo Cabrera (Spotify) / Juanjo Cabrera (canal de Youtube)

Comentario del Salmo 22

Salmo de lamentación individual, estructurado en cinco partes: abandono del salmista y favores pasados (2-12), persecución de los enemigos (13-19), súplica /20—22), acción de gracias por la liberación (23-27) y alabanza conclusiva (28-32). Por la fuerza de sus imágenes, la sinceridad que desprende y la intensidad del dolor descrito, este salmo es una  de las lamentaciones más impresionantes del salterio. El grito inicial refleja toda la tragedia de un hombre justo, sometido al sufrimiento,  despreciado por los suyos y abandonado por Dios. En medio de la desesperación, el recuerdo de los pasados favores lo anima a suplicar ayuda divina con una confianza inquebrantable. La descripción de la persecución y los sufrimientos recurre a imágenes presentes en otros salmos del género y a motivos afines a la pasión del siervo del Señor. Tras la súplica intensa y confiada, el protagonista, ya liberado, entona un canto de acción de gracias y de alabanza universal, donde todos los fieles son invitados a participar en su victoria final y en el homenaje a Dioos que no olvida a los pobres y oprimidos. Puesto en boca de Jesús crucificado y citado en los relatos evangélicos de la pasión, el salmo adquiere nuevo sentido: porque él mismo fue sometido al sufrimiento y a la prueba, puede socorrer ahora a todos los que sufren (Heb 2, 18).

Fuente: La Biblia, La Casa de La Biblia, edición aprobada por la Conferencia Episcopal Española

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