Oh, Cristo Jesús, Rey eterno de amor, por quien fueron creadas todas las cosas y a quien rinde alabanza toda la creación. Quiero participar de tu reinado, pero me siento indigno de tu mirada.
Perdón, Señor, Perdón… Perdón por cuantas veces me he olvidado de tus mandatos, perdón por cuantas veces no te he reconocido como Rey, perdón por quitar mis ojos de las cosas eternas. Herido por la vida y golpeado por tu amor, hoy vengo a decirte perdón, Señor.
Tuyo es el reino, un reino en el que gobierna la paz; es tuyo el poder, el poder de tu amor e infinita bondad; y es tuya la gloria, gloria eterna, gloria que es por siempre y para siempre Señor.
Vengo a pedirte a que reines en mi corazón, que seas el Rey de mi vida, y que la corona de espinas y el trono del madero sean el recuerdo de que tu reinado de amor que es eterno.
Amén
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