A las puertas del Domingo de Ramos, inicio de la semana mayor de la fe, los invitamos a una nueva cita con La Biblia.
“El cristiano tiene esperanza no por mérito propio. Si cree en el futuro, es porque Cristo murió, resucitó y nos dio su Espíritu.” Estas palabras las pronunció el Papa Francisco en la audiencia del 8 de mayo de 2024. Y al leerlas, pienso que toda la semana santa, particularmente el Vía Crucis, lo podemos contemplar como el gran acto de esperanza de Jesús. Ese día, en esa hora, el Hijo del hombre emprendió el camino final hacia al Padre envuelto en la esperanza de que como Dios nos prometió, un día resucitaremos en su gloria. Jesús cargó la cruz, con todos nuestros pecados, confiado, con la esperanza de que el Padre abrazaría su sacrificio y que, por su gran acto de amor, nos perdonaría y abrazaría una vez más. Y de yapa, acompañando estos versículos seleccionados, que nos hablan de la esperanza, va un poema sobre el Vía Crucis. Buena Semana Santa.
Sólo en Dios descansa mi alma, de él me viene la esperanza.
Salmo 62, 6.
Por el contrario, glorifiquen en sus corazones a Cristo, el Señor. Estén siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen.
Primera carta de San Pedro 3, 15.
Porque tú, Señor, eres mi esperanza y mi seguridad desde mi juventud.
Salmo 71, 5.
Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como se le había anunciado: Así será tu descendencia. Su fe no flaqueó, al considerar que su cuerpo estaba como muerto –era casi centenario– y que también lo estaba el seno de Sara. El no dudó de la promesa de Dios, por falta de fe, sino al contrario, fortalecido por esa fe, glorificó a Dios, plenamente convencido de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete. Por eso, la fe le fue tenida en cuenta para su justificación.
Carta a los Romanos 4, 18-22.
Así, ciertamente, tendrás un porvenir y tu esperanza no quedará defraudada.
Proverbios 23, 18.
Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Más aún, nos gloriamos hasta de las mismas tribulaciones, porque sabemos que la tribulación produce la constancia; la constancia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza. Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.
Carta a los Romanos 5, 2-5.
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, que ustedes tienen reservada en el cielo.
Primera Carta de San Pedro 1, 3-4.

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1 comentario
Amén 🙏 gracias…